- •Vueltas de los pantalones. Él también espera hacerse rico cuando me muera, y supongo que está contando los
- •Vida o muerte para ellos, pues todos están endeudados. El testamento que tengo ante mí va a hacerlos ricos y
- •Vas directamente al grano, ¿eh?
- •Incredulidad y rompió a llorar.
- •Impuestos sobre la herencia serían brutales.
- •Intrascendentes preguntas acerca del estado de ánimo de la familia.
- •Insatisfactoria que era su respuesta—. Troy firmó un testamento poco antes de arrojarse al vacío y me ordenó
- •Intrépidos y jóvenes abogados, entraron en el despacho. Se sentaron alrededor de una mesa caoba que había en
- •Velocidad por la interestatal—. Quinientos millones de dólares libres de impuestos —añadió con una sonrisa.
- •Vida de lujo hasta el momento en que había entrado en posesión de su herencia. Sus cinco millones de dólares
- •Iban a ninguna parte porque no podían permitirse el lujo de alquilar estudios de grabación, pero su grupo sería
- •Interno ella era una puta, y el hecho de que fuese la propietaria de todo hacía que el pobre Rex se pasara muchas
- •Inestabilidad; ambos celebraban muchas fiestas y tenían amigos muy turbulentos, todos ellos atraídos por el
- •Viejo paseaba desnudo por la playa, contemplando embobado a las jóvenes francesas. Josh y su mujer se habían
- •Vacía, Josh metió el brazo entumecido por el frío y volvió a cerrar la portezuela.
- •Vaqueros almidonados, les sirvió un whisky de malta muy añejo procedente del armario del señor Phelan.
- •Impresionante serie a las actividades al aire libre, de sonadas condenas contra médicos acusados de negligencia
- •Inmediato tras haber abandonado el de Hark. Le hizo un informe completo de todo lo que había dicho éste.
- •Investigaciones y parece ser que se enorgullecen de localizar a los pueblos más remotos de la Tierra.
- •Iniciar su aventura. Cuando a las diez Sergio entró a verle, lo encontró sentado como un monje en el centro de la
- •Virginia, y presentó una petición de apertura obligatoria de la última voluntad y testamento de Troy l. Phelan.
- •Inmediato.
- •Inadvertido fácilmente.
- •Idiomática le produjo un fugaz acceso de ansiedad que terminó en cuanto una agraciada auxiliar de vuelo
- •Virginia sólo las cuatro y media.
- •Valdir sacudió la cabeza sonriendo.
- •Valdir lo había asustado más de lo que quería reconocer. Se sentó en el borde de una mesa de cámping y
- •Inmediatamente se apartaban del camino de aquel verdadero carro blindado. Deliberadamente o por descuido, el
- •Instante.
- •Ventanillas del aparato y Milton bajó a seiscientos metros de altura. A la izquierda, mucho más cerca, se
- •Impenetrable, pero el impasible piloto se había quitado las gafas de sol y su frente estaba perlada de sudor. El
- •Ventanilla. La pista de aterrizaje era tan corta como el camino de la entrada de una bonita casa de una zona
- •Ver a Jevy conversar por teléfono fue una tortura para Nate. No entendía una sola palabra, pero el
- •Informe que le habían facilitado, y desde entonces había cambiado muy poco. El aislamiento de la gente era
- •Vuelta. Se señaló el reloj y Luis lo acompañó de nuevo a casa.
- •Valdir se despidió, no sin desearle una vez más feliz Navidad. Los Nike aún estaban mojados, pero se los
- •Intentó practicar jogging a lo largo de una manzana, pero el dolor se lo impidió. Bastante le costaba
- •Veintiocho años llamado Lance, encantado de poder hacer aquel viaje a pesar de que ella le doblaba la edad.
- •Igual lo que pudiera estar haciendo su hijo de catorce años.
- •Vio las hileras de botellas de bebidas alcohólicas, whisky, ginebra, vodka, todas llenas y sin abrir,
- •Vestíbulo para tomarse una buena taza de café cargado.
- •Imagen de mi rostro y he deseado la muerte, pero aquí estoy, sentado y respirando. Dos veces en tres días he
- •Indiferente. La estancia en Walnut Hill había hecho que su apetito disminuyera bastante, pues el método de
- •Viviera allí, se relacionase con las mismas personas, hiciera el mismo trabajo e hiciera caso omiso de los mismos
- •Varios abogados llegaron al extremo de sugerir que se les permitiera abrir y leer el testamento. Era muy largo y,
- •Irritados por el hecho de que no pudieran acceder de inmediato a la sala. Se intercambiaron algunas palabras
- •Visitantes de las salas de justicia. Los precedía Wally Bright, su abogado de las páginas amarillas. Wally vestía
- •Verdad y nada más que la verdad.
- •Intervenían en todas las peleas, siempre de parte de los Phelan y contra los reporteros. Después ayudaban a los
- •Imposible tarea de buscarle a Troy junior un puesto en la compañía que éste pudiera ocupar sin provocar una
- •Importancia. El jefe del departamento jurídico había dicho que, bien mirado, el testamento había sido una suerte.
- •Ventanas.
- •Incluso volar a casa con él, y quedarse allí el tiempo que hiciera falta para que se resolvieran todos los embrollos
- •Ilegítima de Troy Phelan. Tras finalizar sus estudios de Medicina, Rachel había cambiado de apellido en su afán
- •Veces al año, en marzo y en agosto, y Rachel solía llamar una vez al año desde un teléfono público de Corumbá
- •Inmediato. Alguien aconsejó que se les permitiera hablar de todos modos, y así quedó zanjado el problema.
- •Informes, ni notas, ni ideas acerca de lo que iba a decir a continuación; simple palabrería de un camorrista que
- •Impugnación. Los herederos, incluido Ramble, corrían el peligro de perder lo poco que Troy les había dejado en
- •Visto más lugares de Estados Unidos que él.
- •Vender.
- •Indios estadounidenses habían ganado algo. «y nosotros no los quemábamos en la hoguera —pensó—, ni los
- •Indicara el camino de regreso a la seguridad.
- •Indios podían comprender.
- •Incapacitado para testar. Nadie en su sano juicio se arrojaba por una ventana, y el que hubiese legado una
- •Volumen de la conciliación depende de mí. Si mis recuerdos son claros y detallados, puede que mi antiguo jefe
- •Inmenso pantano, exhalaré mi último aliento.»
- •Ver la primera choza y percibir olor a humo.
- •Inglés?
- •Veredictos favorables, reducir un poco más su aportación a los gastos generales del bufete y llevarse a casa más
- •Valdir regresó a su despacho, cerró la puerta y se acercó de nuevo a la ventana. El señor Stafford se
- •Indio entendiese.
- •Vernos otra vez hecho eso, me iré.
- •Indios están intentando dormir. Además, no olvide que les llamamos mucho la atención.
- •Insignificantes en aquel lugar y momento.
- •Veía muy conmovido y al borde de las lágrimas, pero conseguía decirle a la cámara lo que acababa de ver. Josh y
- •Imprecisión.
- •Vuelve a la normalidad sin que se produzca ningún daño. La tierra lo es todo para los indios, su vida; buena parte
- •Visitarme. Ella me contó la verdad acerca de mis padres biológicos, pero la revelación no significó nada para mí.
- •Veía la tierra de la orilla. Los indios empezaron a hablar entre sí y, al entrar en el Xeco, dejaron de remar.
- •Varias docenas de ellas. Vio la luz doblar una curva y, al oír el golpeteo del motor diésel, comprendió
- •Viejo había perdido la chaveta en aquel momento.
- •Varones.
- •Valdir estaba viendo la televisión y fumando su último cigarrillo de la noche sin prestar atención a las
- •Vestíbulo y de toda una serie de pasillos hasta llegar a una pequeña sala de reconocimiento donde una
- •Verdad que ella estaba allí.
- •Intimidatoria. Cuatrocientos abogados. Vestíbulos de mármol. Cuadros de firma en las paredes. Alguien estaba
- •Veinticinco a veinte. Y, si podemos atraer a Mary Ross, lo reducirá a diecisiete coma cinco. Si convencemos a
- •Valdir tenía un teléfono móvil. ¿Por qué no había llamado?
- •Intravenosa del brazo y huir hacia la libertad. Se arriesgaría a salir a la calle. Estaba seguro de que allí fuera no
- •Valdir tomó el teléfono y se retiró a un rincón, donde trató de describirle a Josh el estado de Nate.
- •Interrumpió el goteo. Tocó la frente de Nate y comprobó que no tenía fiebre.
- •Vivienda de Georgetown había terminado durante su estancia en el centro de desintoxicación. No tenía ningún
- •Inversiones dudosas. Después empezó a salir con una universitaria adicta a la cocaína y el muro se resquebrajó.
- •Introducía pastillas en la boca, lo obligaba a beber agua para que se las tragase y le humedecía el rostro con
- •Iban a enviar dinero. El consulado en Sáo Paulo estaba resolviendo la cuestión del pasaporte.
- •Volvió a reclinar la cabeza en la almohada y se tranquilizó mientras sentía que se le relajaban los
- •Instrucciones del médico. No tenía ni rastro de fiebre, la erupción cutánea había desaparecido y sólo le dolían un
- •Ver cosas y oír voces, incluso creer en fantasmas, sobre todo de noche, pero aun así siguió buscando.
- •Iban de bar en bar. Las calles eran cálidas y seguras; nadie parecía temer que le pegaran un tiro o lo atracaran.
- •Invocó el nombre de Dios. El señor estaba esperándolo.
- •Vio el rostro de Cristo, muriendo en la cruz tras una dolorosa agonía. Muriendo por él.
- •Indios la miraban cuando ella pasaba por su lado. Contó la historia de la niña que había muerto por culpa de la
- •Integridad de ese testamento. Segundo, sé la opinión que al señor Phelan le merecían sus hijos. La mera
- •Insinuar que Rachel tiene previsto rechazar la herencia haría que perdiésemos el control de la situación. Los
- •Vio el teléfono y le llamó la atención. Al parecer, seguía funcionando. Como era de esperar, Josh se había
- •Iglesia de la Trinidad.
- •Iglesia y su fachada daba a una calle secundaria. Caminaron pisando con mucho cuidado la nieve.
- •Verdad era que nadie podía fiarse de nadie. Había demasiado dinero en juego como para dar por seguro que el
- •Improcedentes.
- •Ilegítima, que tenía unos diez u once años cuando usted entró al servicio del señor Phelan. Éste intentó, a lo
- •Ver si funcionaba. No le dieron de comer a la hora del almuerzo. Se burlaron de él y lo llamaron embustero. En
- •Inestables peldaños. Era una ancha y larga sala con un techo muy bajo. El proyecto de reforma llevaba bastante
- •Indicó:
- •Iglesia de la Trinidad. Pero ambos consumieron gran cantidad de café y, al final, se terminaron el estofado de
- •Ventisca no se había producido. Al llegar a un semáforo en rojo de la avenida Pennsylvania, miró por el espejo
- •Impuestos de sucesión dividido por seis... Los honorarios de siete cifras se convertían en honorarios de ocho
- •Investigación para que llevara a cabo una indagación sobre los herederos Phelan. El examen se centraba más en
- •Volviendo a los cinco millones, ¿había invertido alguna parte de aquel dinero en acciones u obligaciones?
- •Vestían prendas mucho más informales. Junior llevaba un jersey rojo de algodón.
- •Vida, y después se arrojó al vacío. Supo engañar a Zadel y a los demás psiquiatras, y ellos se dejaron embaucar.
- •Veces se les veía juntos. Nate decidió no entrar en detalles. De repente, experimentó el deseo de terminar cuanto
- •Vidas que sólo giraban en torno al dinero.
- •Iré allí primero. Mi hijo mayor es estudiante de posgrado en la Universidad del Noroeste en Evanston, y tengo
- •Inmensa fortuna, ¿y aun así, sabiendo que había perdido el juicio, no le dijo nada a su abogado, el hombre en
- •Volvió a mirar a Nate, que estaba rebuscando entre sus papeles como si tuviera una copia del contrato. Snead
- •Invitaron de nuevo a cenar, pero él impuso como condición que Theo también participara. Almorzó con Angela
- •Veinte minutos de distancia. A las ocho y media lo llamó para decirle que una amiga suya había sufrido un
- •Inútiles notas en un cuaderno tamaño folio sencillamente porque eso era lo que estaban haciendo los demás. No
- •Viaje a Baltimore. Nate sabía que por nada del mundo habría abandonado el país.
- •Igual que cada uno de los abogados en el despacho de Wycliff.
- •Voltaje acerca de una de las fortunas personales más grandes del mundo. Josh le había reprochado su aspecto,
- •Impulso fue el de cruzar la estancia y besarle los pies a Nate. En su lugar, frunció el ceño con expresión muy
- •Valdir estaba esperando en el aeropuerto de Corumbá cuando el Gulfstream rodó hasta la pequeña
- •Inglés? ¿Cabría alguna posibilidad de que lo hubiera echado de menos o hubiera pensado en él siquiera? ¿Le
- •Visitó el hospital. Lo soñó usted todo, amigo mío.
- •Indios. Debajo de ella y encima de una mesita había una caja de plástico de material médico. El jefe señaló la
- •Inclinados uno o dos centímetros hacia la derecha.
- •Vivido once años allí y parecía ejercer una considerable influencia en él, pero no había conseguido convertirlo.
Inútiles notas en un cuaderno tamaño folio sencillamente porque eso era lo que estaban haciendo los demás. No
estaba acostumbrado a soportar semejante menosprecio, ni siquiera viniendo de un abogado tan famoso como
Josh Stafford, pero, a cambio del dinero, parecía dispuesto a aguantar lo que fuera. Un mes atrás, en febrero, su
pequeño bufete generaba veintiséis mil dólares en honorarios y consumía los habituales cuatro mil dólares en
gastos generales. Wally no se llevaba nada a casa. Lógicamente, había dedicado casi todo su tiempo al caso
Phelan. Josh resumió con inocultable satisfacción las declaraciones de los clientes de sus colegas.
—He estudiado los vídeos con sus declaraciones —dijo en tono entristecido—, y, si he de serles sincero,
con la excepción de Mary Ross creo que serán unos testigos desastrosos durante el juicio.
Sus colegas salvaron el obstáculo sin dificultad. Aquello no era un juicio sino una reunión sobre un
acuerdo.
Josh no se entretuvo demasiado en el tema de los herederos. Cuanto menos dijera, mejor. Sus abogados
sabían que los destrozarían en presencia del jurado.
—Y eso nos lleva a Snead —añadió—. También he repasado sus declaraciones y creo sinceramente que,
si ustedes lo llaman a declarar en el juicio, cometerán un terrible error. Es más, creo que tal cosa podría rozar el
límite de la ilegalidad.
Bright, Hark, Langhorne y Yancy se inclinaron todavía más sobre sus cuadernos de notas. Snead se había
convertido para ellos en algo así como una palabra malsonante. Habían discutido entre sí acerca de quién era el
responsable de semejante metedura de pata. Habían perdido el sueño por culpa de aquel hombre. Habían perdido
medio millón en un testigo inservible.
—Conozco a Snead desde hace casi veinte años —prosiguió Josh, dedicando a continuación quince
minutos a describirlo con gran precisión como un mayordomo de cualidades mágicas, un criado no siempre de
fiar a quien el señor Phelan más de una vez había querido despedir. Sus colegas le creyeron.
Pero ya estaba bien de Snead. Josh había conseguido destripar a su testigo estelar sin necesidad de
mencionar que ellos lo habían sobornado con quinientos mil dólares para que contara aquella historia.
Y ya estaba bien de Nicolette. Era tan embustera como su compinche Snead.
No habían conseguido localizar a otros testigos. Había algunos empleados descontentos, pero no querían
intervenir en el juicio, y de todos modos, su declaración estaría viciada. Les constaba que dos rivales del mundo
John Grisham El testamento
186
empresarial habían sido aniquilados por haber intentado competir con Troy, pero ellos no sabían nada acerca de
sus facultades mentales.
Sus argumentos no eran muy sólidos, concluyó Josh, y siempre se corría peligro con un jurado de por
medio.
Se refirió a Rachel Lane como si la conociera desde hacía muchos años. No entró en demasiados detalles,
pero aportó las suficientes generalizaciones para dar la impresión de que, en efecto, no guardaba secretos para
él. Era una persona encantadora que llevaba una existencia muy sencilla en otro país y no entendía muy bien los
litigios. Huía de la controversia y despreciaba los enfrentamientos, y estaba más unida al viejo Troy de lo que la
mayoría de la gente sabía.
Hark deseó preguntar si Josh la había conocido personalmente —¿la había visto alguna vez?, ¿había oído
mencionar su nombre antes de la lectura del testamento?—, pero no era el lugar ni el momento para crear
conflictos. La otra parte estaba a punto de poner dinero sobre la mesa y su porcentaje era el diecisiete y medio.
La señora Langhorne había hecho investigaciones sobre la ciudad de Corumbá y se preguntaba una vez
más qué podía estar haciendo una norteamericana de cuarenta y dos años en semejante lugar. A espaldas de
Bright y Yancy, ella y Hark se habían convertido en confidentes, y habían estado sopesando la conveniencia de
filtrar el paradero de Rachel Lane a ciertos periodistas. No cabía la menor duda de que la prensa daría con ella,
la obligarían a salir de su escondrijo y, de paso, el mundo averiguaría qué pensaba hacer con el dinero. Si, tal
como ellos esperaban y soñaban, no lo quería, sus clientes podrían reclamarlo.
Por supuesto, suponía un riesgo que aún no habían descartado.
—¿Qué se propone hacer Rachel Lane con todo este dinero? —preguntó Yancy.
—No estoy muy seguro —contestó Josh, como si él y Rachel hablaran de ello a diario—. Es probable que
se quede con una pequeña parte y dedique el resto a obras benéficas. En mi opinión, ésta es la razón de que Troy
hiciera lo que hizo. Pensó que si sus descendientes recibían el dinero, éste no duraría ni noventa días. En
cambio, legándoselo a Rachel sabía que iría a parar a personas necesitadas.
Se produjo un prolongado silencio cuando Josh terminó. Los sueños se desmoronaban lentamente. Rachel
Lane existía, en efecto, y no pensaba renunciar a su herencia.
—¿Por qué no se ha presentado? —inquirió finalmente Hark.
—Bien, hay que conocer a esta mujer para responder a la pregunta —dijo Josh—. El dinero no significa
nada para ella. No esperaba que su padre le dejase nada, y, de pronto, descubre que ha heredado miles de
millones. Se encuentra todavía algo alterada.
Otra prolongada pausa mientras los abogados de los Phelan hacían anotaciones en sus cuadernos.
—Estamos dispuestos a llevar el caso al Tribunal Supremo, de ser necesario —dijo Langhorne—. ¿Se da
cuenta ella de que esto podría durar muchos años?
—Sí —contestó Josh—, y ésa es una de las razones por las que quiere tantear las posibilidades de llegar a
un acuerdo.
Ya estaban haciendo progresos.
—¿Por dónde empezamos? —preguntó Wally Bright.
Era difícil responder a eso. A un lado de la mesa había once mil millones de dólares. Los impuestos de
sucesión se llevarían más de la mitad, de modo que quedarían unos cinco mil. Al otro estaban los herederos
Phelan, todos ellos sin blanca, a excepción de Ramble. ¿Quién lanzaría la primera cifra? ¿Diez millones por
heredero? ¿Cien?
Josh lo tenía todo planeado.
—Vamos a empezar por el testamento —dijo—. Suponiendo que se considere válido, en él se estipula
con toda claridad que cualquier heredero que lo impugne se verá privado de la cantidad que se le haya legado.
Lo cual se aplica a sus clientes. Por consiguiente, empiezan ustedes desde cero. A continuación, el testamento
deja a cada uno de sus clientes una suma de dinero equivalente a la de las deudas que éstos tuvieran contraídas al
día de la muerte del señor Phelan. —Tomó otra hoja de papel y la estudió un momento—. Según lo que hemos
averiguado hasta ahora, Ramble Phelan aún no tiene deudas. Geena Phelan Strong tenía, el 9 de diciembre, unas
deudas por valor de cuatrocientos veinte mil dólares. Libbigail y Spike debían unos ochenta mil dólares. Mary
Ross y su esposo adeudaban novecientos mil. Troy junior había cancelado casi todas sus deudas en sucesivas
bancarrotas, pero aún debía ciento treinta mil dólares. Rex, como sabemos, se lleva la palma. Él y su
encantadora esposa Amber debían, el 9 de diciembre, un total de siete millones seiscientos mil dólares. ¿Tienen
ustedes algo que objetar a estas cifras?
Nadie tenía nada que objetar. Las cantidades eran correctas, pero la suma que a ellos les interesaba era la
otra.
—Nate O'Riley ha estado en contacto con su cliente. Para resolver este asunto, ella ofrecerá a cada uno de
los seis herederos diez millones de dólares.
John Grisham El testamento
187
Los abogados jamás habían calculado y garabateado tan rápido. Hark tenía tres clientes; el diecisiete y
medio por ciento significaba unos honorarios de cinco millones doscientos cincuenta mil dólares. Geena y Cody
habían acordado con Langhorne un veinte por ciento, lo que suponía que su pequeño bufete cobraría dos
millones de dólares. Y lo mismo cobraría Yancy con la aprobación del juez, pues Ramble aún era menor de
edad. Y Wally Bright, un picapleitos que se ganaba miserablemente la vida anunciando divorcios rápidos en las
paradas de los autobuses, cobraría la mitad de los diez millones de dólares en virtud del exorbitante contrato que
había suscrito con Libbigail y Spike.
Wally, precisamente, fue el primero en reaccionar. A pesar de que se le había paralizado el corazón y
apenas podía respirar, consiguió decir con cierto descaro:
—No es posible que mi cliente se conforme con menos de cincuenta millones.
Los demás sacudieron la cabeza y fruncieron el entrecejo, fingiendo hacerle ascos a la miserable suma
que se les ofrecía, a pesar de que ya estaban gastándose mentalmente el dinero.
Wally Bright ni siquiera sabía con cuántos ceros se escribía cincuenta millones, pero soltó la cifra tal
como hubiera podido hacer un ricacho de Las Vegas.
Habían acordado que, en caso de que se hablara de dinero, no bajarían de los cincuenta millones por
heredero. Todo les había sonado muy bien antes de la reunión, pero ahora los diez millones que se habían puesto
sobre la mesa les parecían estupendamente bien.
—Eso equivale, más o menos, a un uno por ciento de la herencia —observó Hark.
—Puede usted considerarlo así —convino Josh—. De hecho, puede considerarse de muchas maneras,
pero yo prefiero empezar desde cero, que es donde están ustedes ahora, e ir subiendo en lugar de empezar desde
la herencia e ir bajando.
Josh, sin embargo, también quería ganarse su confianza. Dejó que se pasaran un rato barajando cifras, y
después añadió:
—Miren, yo, si representara a uno de los herederos, no me conformaría con los diez millones.
Dieron un respingo y prestaron atención.
—Rachel Lane no es ambiciosa. Creo que Nate O'Riley podría convencerla de que acordara ceder veinte
millones por heredero. Los honorarios se duplicarían; eso significaba más de diez millones para Hark y cuatro
millones para Yancy y Langhorne. En cuanto al pobre Wally, que ahora cobraría diez, experimentó un repentino
ataque de diarrea y pidió permiso para abandonar la reunión.
Nate estaba ocupado pintando alegremente los adornos de una puerta cuando sonó su teléfono móvil.
Josh lo obligaba a tener a mano el maldito trasto.
—Si es para mí, anota el número —dijo Phil, que estaba midiendo un complicado rincón para el siguiente
trozo de fibra prensada. Era Josh.
—No ha podido ir mejor —anunció—. Me he plantado en veinte millones, ellos quieren cincuenta.
—¿Cincuenta? —preguntó Nate sin poder creerlo.
—Sí, pero ya se están gastando el dinero. Apuesto a que ahora mismo por lo menos dos de ellos están en
el concesionario de la Mercedes.
—¿Quién se lo gastará más rápido, los abogados o los clientes? —Supongo que los abogados. Oye, acabo
de hablar con Wycliff. La reunión será el miércoles a las tres de la tarde, en su despacho. Creo que para entonces
ya lo tendremos todo arreglado.
—Lo estoy deseando —dijo Nate, y cortó la comunicación. Había llegado el momento de la pausa para el
café. Él y Phil se sentaron en el suelo con la espalda apoyada contra la pared, tomando café caliente con leche.
—¿Querían cincuenta? —preguntó Phil, que ya estaba al corriente de todos los detalles.
Solos en el sótano, ambos apenas tenían secretos el uno para el otro. La conversación era más importante
que los progresos en el trabajo. Phil era clérigo; Nate, abogado. Todo lo que ambos decían estaba protegido por
una especie de privilegio confidencial.
—Es una bonita suma para empezar —dijo Nate—; pero se conformarán con mucho menos.
—¿Espera usted llegar a un acuerdo?
—Pues claro. El miércoles nos reuniremos con el juez, que ejercerá más presión. Para entonces, los
abogados y sus clientes ya estarán contando el dinero.
—Entonces, ¿cuándo se marcha?
—Supongo que el viernes. ¿Quiere venir?
—No me lo puedo permitir.
—Pues claro que puede. Mi cliente pagará la factura. Será mi director espiritual durante el viaje. El
dinero no constituye un problema.
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—No estaría bien.
—Vamos, Phil. Le enseñaré el Pantanal. Conocerá a mis amigos Jevy y Welly. Daremos un paseo en
barca.
—Por lo que me ha contado, no se trata de un paseo muy agradable.
—No es peligroso. Hay mucho turismo en el Pantanal. Es una gran reserva ecológica. Hablo en serio,
Phil, si le interesa, puedo arreglarlo.
—Me falta el pasaporte —dijo Phil, tomando un sorbo de café—, y, además, tengo muchas cosas que
hacer aquí. —Nate estaría ausente una semana y a él le gustaba la idea de que el sótano tuviera el mismo aspecto
cuando Nate regresara—. La señora Sinclair morirá cualquier día de éstos —añadió serenamente Phil—. No
puedo irme.
La iglesia llevaba por lo menos un mes aguardando el fallecimiento de la señora Sinclair. Phil temía el
