Добавил:
Upload Опубликованный материал нарушает ваши авторские права? Сообщите нам.
Вуз: Предмет: Файл:
John Grisham - El testamento.doc
Скачиваний:
8
Добавлен:
12.11.2019
Размер:
2 Мб
Скачать
☆

Visto más lugares de Estados Unidos que él.

Cuando tenía dinero, Nate siempre viajaba a Europa. Sus restaurantes preferidos estaban en Roma y en

París.

—Cuando terminan las inundaciones —añadió Jevy—, viene la estación seca. Entonces se forman tantos

prados, marismas, lagunas y pantanos que nadie podría contarlos. El ciclo de las inundaciones y la estación seca

produce una fauna salvaje más abundante que en ningún otro lugar del mundo. Aquí tenemos seiscientas

cincuenta especies dé pájaros, más que en Canadá y Estados Unidos juntos, y por lo menos doscientas sesenta

especies de peces. En estas aguas viven serpientes, caimanes, cocodrilos e incluso nutrias gigantes.

—Como si obedeciese a una señal, señaló unos matorrales en el lindero de un bosquecillo—. Mire, es un

ciervo —dijo—. Tenemos muchos ciervos. Y muchos jaguares, osos hormigueros gigantes, capivaras, tapires y

guacamayos.

—¿Tú naciste aquí?

—Respiré mi primera bocanada de aire en el hospital de Corumbá, pero yo he crecido en estos ríos. Éste

es mi hogar.

John Grisham El testamento

76

—Me dijiste que tu padre era piloto fluvial.

—Sí. Cuando yo era pequeño, iba con él. De buena mañana, cuando todo el mundo dormía, él me dejaba

tomar el timón. A los diez años me conocía todos los ríos principales.

—Y él murió en el río.

—No en éste sino en el Taquiri, hacia el este. Capitaneaba un barco de turistas alemanes cuando los

sorprendió una tormenta. El único superviviente fue un marinero.

—¿Y eso cuándo fue?

—Hace cinco años.

Nate, que no podía dejar de ser abogado por mucho que quisiera, tenía muchas más preguntas que hacer

acerca del accidente. Quería conocer los detalles, pues éstos siempre eran los que permitían ganar los pleitos;

pero lo dejó correr y se limitó a decir:

—Lo siento.

—Quieren destruir el Pantanal —dijo Jevy.

—¿Quiénes?

—Mucha gente. Las grandes empresas propietarias de las grandes fincas. Al norte y al este del Pantanal

están talando grandes extensiones de bosque para crear fincas agrícolas. La principal cosecha es la soja. Quieren

exportarla. Cuantos más bosques destruyen, más aguas de superficie se vierten en el Pantanal. Como el suelo es

muy pobre, las compañías utilizan fertilizantes químicos. Muchas de las grandes plantaciones están condenando

a nuestros ríos, alterando el ciclo de las inundaciones, y todo ello por no mencionar el mercurio, que está

matando a nuestros peces.

—¿Para qué emplean el mercurio aquí?

—En minería. En el norte hay minas de oro, y utilizan mercurio en ellas. El mercurio va a parar a los ríos,

y por éstos llega al Pantanal. Los peces lo absorben y mueren. El Pantanal se ha convertido en una especie de

vertedero. Cuiabá es una ciudad de un millón de habitantes que se alza hacia el este. En ella los desechos no

reciben tratamiento alguno. Adivine dónde se vierten las aguas residuales.

—Y el Gobierno, ¿no hace nada?

Jevy soltó una risita y con expresión de amargura, preguntó:

—¿Ha oído hablar de Hidrovía?

—No.

—Es una especie de canal gigantesco que debe cortar el Pantanal, uniendo Brasil, Bolivia, Paraguay,

Argentina y Uruguay. Se supone que será de gran beneficio para Suramérica, pero lo cierto es que acabará con el

Pantanal y nuestro Gobierno no ayuda.

Nate estuvo a punto de hacer un comentario acerca de la responsabilidad medioambiental, pero de

inmediato recordó que sus compatriotas eran los mayores despilfarradores de energía que el mundo hubiera visto

jamás.

—Pero, aun así, sigue siendo un lugar muy bonito —dijo.

—Lo es. Jevy apuró su taza de café—. A veces pienso que es un lugar demasiado grande como para que

ellos lo destruyan. Pasaron por delante de una pequeña ensenada, a través de la cual el agua seguía penetrando

en el Paraguay. Un pequeño rebaño de ciervos se adentró en la zona anegada para mordisquear la verde hierba,

sin prestar atención al ruido procedente del río. Eran siete ciervos, dos de ellos cervatos manchados.

—Hay un pequeño puesto de venta a pocas horas de aquí —señaló Jevy, levantándose—. Creo que

llegaremos antes de que anochezca.

—¿Qué vamos a comprar?

—Nada, supongo. El propietario se llama Fernando y se entera de todo lo que ocurre en el río. A lo

mejor, sabe algo de los misioneros.

—El joven vació los restos de la taza en el río y estiró los brazos—. A veces tiene alguna cerveza para

Соседние файлы в предмете [НЕСОРТИРОВАННОЕ]