- •Vueltas de los pantalones. Él también espera hacerse rico cuando me muera, y supongo que está contando los
- •Vida o muerte para ellos, pues todos están endeudados. El testamento que tengo ante mí va a hacerlos ricos y
- •Vas directamente al grano, ¿eh?
- •Incredulidad y rompió a llorar.
- •Impuestos sobre la herencia serían brutales.
- •Intrascendentes preguntas acerca del estado de ánimo de la familia.
- •Insatisfactoria que era su respuesta—. Troy firmó un testamento poco antes de arrojarse al vacío y me ordenó
- •Intrépidos y jóvenes abogados, entraron en el despacho. Se sentaron alrededor de una mesa caoba que había en
- •Vida de lujo hasta el momento en que había entrado en posesión de su herencia. Sus cinco millones de dólares
- •Velocidad por la interestatal—. Quinientos millones de dólares libres de impuestos —añadió con una sonrisa.
- •Iban a ninguna parte porque no podían permitirse el lujo de alquilar estudios de grabación, pero su grupo sería
- •Interno ella era una puta, y el hecho de que fuese la propietaria de todo hacía que el pobre Rex se pasara muchas
- •Inestabilidad; ambos celebraban muchas fiestas y tenían amigos muy turbulentos, todos ellos atraídos por el
- •Viejo paseaba desnudo por la playa, contemplando embobado a las jóvenes francesas. Josh y su mujer se habían
- •Vacía, Josh metió el brazo entumecido por el frío y volvió a cerrar la portezuela.
- •Vaqueros almidonados, les sirvió un whisky de malta muy añejo procedente del armario del señor Phelan.
- •Impresionante serie a las actividades al aire libre, de sonadas condenas contra médicos acusados de negligencia
- •Inmediato tras haber abandonado el de Hark. Le hizo un informe completo de todo lo que había dicho éste.
- •Investigaciones y parece ser que se enorgullecen de localizar a los pueblos más remotos de la Tierra.
- •Iniciar su aventura. Cuando a las diez Sergio entró a verle, lo encontró sentado como un monje en el centro de la
- •Virginia, y presentó una petición de apertura obligatoria de la última voluntad y testamento de Troy l. Phelan.
- •Inmediato.
- •Inadvertido fácilmente.
- •Idiomática le produjo un fugaz acceso de ansiedad que terminó en cuanto una agraciada auxiliar de vuelo
- •Virginia sólo las cuatro y media.
- •Valdir sacudió la cabeza sonriendo.
- •Valdir lo había asustado más de lo que quería reconocer. Se sentó en el borde de una mesa de cámping y
- •Inmediatamente se apartaban del camino de aquel verdadero carro blindado. Deliberadamente o por descuido, el
- •Instante.
- •Ventanillas del aparato y Milton bajó a seiscientos metros de altura. A la izquierda, mucho más cerca, se
- •Impenetrable, pero el impasible piloto se había quitado las gafas de sol y su frente estaba perlada de sudor. El
- •Ventanilla. La pista de aterrizaje era tan corta como el camino de la entrada de una bonita casa de una zona
- •Ver a Jevy conversar por teléfono fue una tortura para Nate. No entendía una sola palabra, pero el
- •Informe que le habían facilitado, y desde entonces había cambiado muy poco. El aislamiento de la gente era
- •Vuelta. Se señaló el reloj y Luis lo acompañó de nuevo a casa.
- •Valdir se despidió, no sin desearle una vez más feliz Navidad. Los Nike aún estaban mojados, pero se los
- •Intentó practicar jogging a lo largo de una manzana, pero el dolor se lo impidió. Bastante le costaba
- •Veintiocho años llamado Lance, encantado de poder hacer aquel viaje a pesar de que ella le doblaba la edad.
- •Igual lo que pudiera estar haciendo su hijo de catorce años.
- •Vio las hileras de botellas de bebidas alcohólicas, whisky, ginebra, vodka, todas llenas y sin abrir,
- •Vestíbulo para tomarse una buena taza de café cargado.
- •Imagen de mi rostro y he deseado la muerte, pero aquí estoy, sentado y respirando. Dos veces en tres días he
- •Indiferente. La estancia en Walnut Hill había hecho que su apetito disminuyera bastante, pues el método de
- •Viviera allí, se relacionase con las mismas personas, hiciera el mismo trabajo e hiciera caso omiso de los mismos
- •Varios abogados llegaron al extremo de sugerir que se les permitiera abrir y leer el testamento. Era muy largo y,
- •Irritados por el hecho de que no pudieran acceder de inmediato a la sala. Se intercambiaron algunas palabras
- •Visitantes de las salas de justicia. Los precedía Wally Bright, su abogado de las páginas amarillas. Wally vestía
- •Verdad y nada más que la verdad.
- •Intervenían en todas las peleas, siempre de parte de los Phelan y contra los reporteros. Después ayudaban a los
- •Imposible tarea de buscarle a Troy junior un puesto en la compañía que éste pudiera ocupar sin provocar una
- •Importancia. El jefe del departamento jurídico había dicho que, bien mirado, el testamento había sido una suerte.
- •Ventanas.
- •Incluso volar a casa con él, y quedarse allí el tiempo que hiciera falta para que se resolvieran todos los embrollos
- •Ilegítima de Troy Phelan. Tras finalizar sus estudios de Medicina, Rachel había cambiado de apellido en su afán
- •Veces al año, en marzo y en agosto, y Rachel solía llamar una vez al año desde un teléfono público de Corumbá
- •Inmediato. Alguien aconsejó que se les permitiera hablar de todos modos, y así quedó zanjado el problema.
- •Informes, ni notas, ni ideas acerca de lo que iba a decir a continuación; simple palabrería de un camorrista que
- •Impugnación. Los herederos, incluido Ramble, corrían el peligro de perder lo poco que Troy les había dejado en
- •Visto más lugares de Estados Unidos que él.
- •Vender.
- •Indios estadounidenses habían ganado algo. «y nosotros no los quemábamos en la hoguera —pensó—, ni los
- •Indicara el camino de regreso a la seguridad.
- •Indios podían comprender.
- •Incapacitado para testar. Nadie en su sano juicio se arrojaba por una ventana, y el que hubiese legado una
- •Volumen de la conciliación depende de mí. Si mis recuerdos son claros y detallados, puede que mi antiguo jefe
- •Inmenso pantano, exhalaré mi último aliento.»
- •Ver la primera choza y percibir olor a humo.
- •Inglés?
- •Veredictos favorables, reducir un poco más su aportación a los gastos generales del bufete y llevarse a casa más
- •Valdir regresó a su despacho, cerró la puerta y se acercó de nuevo a la ventana. El señor Stafford se
- •Indio entendiese.
- •Vernos otra vez hecho eso, me iré.
- •Indios están intentando dormir. Además, no olvide que les llamamos mucho la atención.
- •Insignificantes en aquel lugar y momento.
- •Veía muy conmovido y al borde de las lágrimas, pero conseguía decirle a la cámara lo que acababa de ver. Josh y
- •Imprecisión.
- •Vuelve a la normalidad sin que se produzca ningún daño. La tierra lo es todo para los indios, su vida; buena parte
- •Visitarme. Ella me contó la verdad acerca de mis padres biológicos, pero la revelación no significó nada para mí.
- •Veía la tierra de la orilla. Los indios empezaron a hablar entre sí y, al entrar en el Xeco, dejaron de remar.
- •Varias docenas de ellas. Vio la luz doblar una curva y, al oír el golpeteo del motor diésel, comprendió
- •Viejo había perdido la chaveta en aquel momento.
- •Varones.
- •Valdir estaba viendo la televisión y fumando su último cigarrillo de la noche sin prestar atención a las
- •Vestíbulo y de toda una serie de pasillos hasta llegar a una pequeña sala de reconocimiento donde una
- •Verdad que ella estaba allí.
- •Intimidatoria. Cuatrocientos abogados. Vestíbulos de mármol. Cuadros de firma en las paredes. Alguien estaba
- •Veinticinco a veinte. Y, si podemos atraer a Mary Ross, lo reducirá a diecisiete coma cinco. Si convencemos a
- •Valdir tenía un teléfono móvil. ¿Por qué no había llamado?
- •Intravenosa del brazo y huir hacia la libertad. Se arriesgaría a salir a la calle. Estaba seguro de que allí fuera no
- •Valdir tomó el teléfono y se retiró a un rincón, donde trató de describirle a Josh el estado de Nate.
- •Interrumpió el goteo. Tocó la frente de Nate y comprobó que no tenía fiebre.
- •Vivienda de Georgetown había terminado durante su estancia en el centro de desintoxicación. No tenía ningún
- •Inversiones dudosas. Después empezó a salir con una universitaria adicta a la cocaína y el muro se resquebrajó.
- •Introducía pastillas en la boca, lo obligaba a beber agua para que se las tragase y le humedecía el rostro con
- •Iban a enviar dinero. El consulado en Sáo Paulo estaba resolviendo la cuestión del pasaporte.
- •Volvió a reclinar la cabeza en la almohada y se tranquilizó mientras sentía que se le relajaban los
- •Instrucciones del médico. No tenía ni rastro de fiebre, la erupción cutánea había desaparecido y sólo le dolían un
- •Ver cosas y oír voces, incluso creer en fantasmas, sobre todo de noche, pero aun así siguió buscando.
- •Iban de bar en bar. Las calles eran cálidas y seguras; nadie parecía temer que le pegaran un tiro o lo atracaran.
- •Invocó el nombre de Dios. El señor estaba esperándolo.
- •Vio el rostro de Cristo, muriendo en la cruz tras una dolorosa agonía. Muriendo por él.
- •Indios la miraban cuando ella pasaba por su lado. Contó la historia de la niña que había muerto por culpa de la
- •Integridad de ese testamento. Segundo, sé la opinión que al señor Phelan le merecían sus hijos. La mera
- •Insinuar que Rachel tiene previsto rechazar la herencia haría que perdiésemos el control de la situación. Los
- •Vio el teléfono y le llamó la atención. Al parecer, seguía funcionando. Como era de esperar, Josh se había
- •Iglesia de la Trinidad.
- •Iglesia y su fachada daba a una calle secundaria. Caminaron pisando con mucho cuidado la nieve.
- •Verdad era que nadie podía fiarse de nadie. Había demasiado dinero en juego como para dar por seguro que el
- •Improcedentes.
- •Ilegítima, que tenía unos diez u once años cuando usted entró al servicio del señor Phelan. Éste intentó, a lo
- •Ver si funcionaba. No le dieron de comer a la hora del almuerzo. Se burlaron de él y lo llamaron embustero. En
- •Inestables peldaños. Era una ancha y larga sala con un techo muy bajo. El proyecto de reforma llevaba bastante
- •Indicó:
- •Iglesia de la Trinidad. Pero ambos consumieron gran cantidad de café y, al final, se terminaron el estofado de
- •Ventisca no se había producido. Al llegar a un semáforo en rojo de la avenida Pennsylvania, miró por el espejo
- •Impuestos de sucesión dividido por seis... Los honorarios de siete cifras se convertían en honorarios de ocho
- •Investigación para que llevara a cabo una indagación sobre los herederos Phelan. El examen se centraba más en
- •Volviendo a los cinco millones, ¿había invertido alguna parte de aquel dinero en acciones u obligaciones?
- •Vestían prendas mucho más informales. Junior llevaba un jersey rojo de algodón.
- •Vida, y después se arrojó al vacío. Supo engañar a Zadel y a los demás psiquiatras, y ellos se dejaron embaucar.
- •Veces se les veía juntos. Nate decidió no entrar en detalles. De repente, experimentó el deseo de terminar cuanto
- •Vidas que sólo giraban en torno al dinero.
- •Iré allí primero. Mi hijo mayor es estudiante de posgrado en la Universidad del Noroeste en Evanston, y tengo
- •Inmensa fortuna, ¿y aun así, sabiendo que había perdido el juicio, no le dijo nada a su abogado, el hombre en
- •Volvió a mirar a Nate, que estaba rebuscando entre sus papeles como si tuviera una copia del contrato. Snead
- •Invitaron de nuevo a cenar, pero él impuso como condición que Theo también participara. Almorzó con Angela
- •Veinte minutos de distancia. A las ocho y media lo llamó para decirle que una amiga suya había sufrido un
- •Inútiles notas en un cuaderno tamaño folio sencillamente porque eso era lo que estaban haciendo los demás. No
- •Viaje a Baltimore. Nate sabía que por nada del mundo habría abandonado el país.
- •Igual que cada uno de los abogados en el despacho de Wycliff.
- •Voltaje acerca de una de las fortunas personales más grandes del mundo. Josh le había reprochado su aspecto,
- •Impulso fue el de cruzar la estancia y besarle los pies a Nate. En su lugar, frunció el ceño con expresión muy
- •Valdir estaba esperando en el aeropuerto de Corumbá cuando el Gulfstream rodó hasta la pequeña
- •Inglés? ¿Cabría alguna posibilidad de que lo hubiera echado de menos o hubiera pensado en él siquiera? ¿Le
- •Visitó el hospital. Lo soñó usted todo, amigo mío.
- •Indios. Debajo de ella y encima de una mesita había una caja de plástico de material médico. El jefe señaló la
- •Inclinados uno o dos centímetros hacia la derecha.
- •Vivido once años allí y parecía ejercer una considerable influencia en él, pero no había conseguido convertirlo.
Iglesia de la Trinidad. Pero ambos consumieron gran cantidad de café y, al final, se terminaron el estofado de
cordero, pintaron un poco, colocaron unas cuantas láminas de fibra prensada y establecieron los cimientos de
una amistad.
El martes por la noche Nate estaba rascando pintura con las uñas cuando sonó el teléfono. Era Josh,
llamándolo de nuevo al mundo real.
—El juez Wycliff quiere verte mañana —le anunció—. He intentado telefonearte antes.
—¿Qué quiere? —preguntó Nate sin poder evitar que se le notara el miedo en la voz.
—Estoy seguro de que quiere hacerte unas preguntas acerca de tu nueva cliente.
—Es que estoy muy ocupado, Josh. Estoy haciendo obras, pintando, colocando láminas de fibra prensada
y cosas por el estilo.
—No me digas.
—Pues sí. Estoy arreglando el sótano de una iglesia. El tiempo es muy importante.
—No sabía que tuvieras esa habilidad.
—¿Tengo que ir, Josh?
John Grisham El testamento
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—Creo que sí. Accediste a llevar este caso. Ya se lo he dicho al juez. Te necesitan, muchacho.
—¿Cuándo y dónde?
—Preséntate en mi despacho a las once. Iremos juntos en miautomóvil.
—No me apetece ver el despacho, Josh. Me trae malos recuerdos. Me reuniré contigo en el juzgado.
—Muy bien. Preséntate al mediodía. En el despacho del juez Wycliff.
Nate echó un tronco al fuego y contempló los copos de nieve que pasaban flotando por delante del
porche. Podía ponerse traje y corbata y andar por ahí con un maletín. Podía interpretar el papel. Podía decir
«Señoría» y «Con la venia del tribunal», protestar a gritos y someter a un duro e implacable interrogatorio a los
testigos. Podía hacer todo eso y todas las demás cosas que otros millones de abogados hacían, pero ya no se
consideraba un abogado. Aquellos días habían pasado a la historia, gracias a Dios. Sin embargo, lo haría una vez
más, pero sólo una. Aunque trató de convencerse de que lo hacía por su cliente, Rachel, sabía que a ella le daba
igual.
Aún no le había escrito, a pesar de las muchas veces que había intentado hacerlo. La carta que le había
escrito a Jevy le había exigido dos horas de duro esfuerzo para rellenar una página y media.
Cuando sólo llevaba tres días en medio de la nieve, ya echaba de menos las húmedas calles de Corumbá,
con el lento tráfico peatonal, las terrazas de los cafés y aquel ritmo vital que decía que todo podía esperar hasta
mañana. Nevaba cada vez más fuerte. Tal vez fuese otra ventisca; con un poco de suerte cerrarían las carreteras
al tráfico y no tendría que ir.
Más bocadillos de la tienda de comida griega, más encurtidos y té. Josh puso la mesa mientras
aguardaban la llegada del juez Wycliff.
—Esto es el dossier del tribunal —dijo, entregándole a Nate un abultado expediente de tapas rojas—. Y
aquí está tu respuesta —añadió, tendiéndole una carpeta de cartulina—. Tienes que leerlo y firmarlo cuanto
antes.
—¿La testamentaría ya ha presentado la respuesta? —preguntó Nate.
—Lo hará mañana. La respuesta de Rachel Lane está aquí, ya preparada y a la espera de tu firma.
—Aquí hay algo que no marcha, Josh. Estoy presentando una respuesta a una impugnación de un
testamento en representación de una cliente que no lo sabe.
—Envíale una copia.
—¿Adónde?
—A su único domicilio conocido, el de Tribus del Mundo en Houston, Texas. Todo está en la carpeta.
Nate sacudió la cabeza con expresión de desaliento al ver los preparativos que había hecho Josh. Se
sentía una pieza en un tablero de ajedrez. La respuesta de la defensa de la validez del testamento a nombre de
Rachel Lane tenía cuatro páginas de extensión y negaba, tanto general como específicamente, los argumentos
esgrimidos en las seis peticiones de impugnación. Nate leyó las seis peticiones mientras Josh hablaba a través de
su teléfono móvil.
Una vez reducidos los precipitados argumentos y la jerga legal a sus justas proporciones, el caso era muy
sencillo: ¿sabía Troy Phelan lo que hacía cuando redactó su último testamento? Sin embargo, estaba claro que el
juicio sería un circo, en el que los abogados llamarían a declarar no sólo a psiquiatras de toda laya, sino a
empleados, ex empleados, antiguas amantes, porteros, criadas, chóferes, pilotos, guardaespaldas, médicos,
prostitutas y todo aquel que hubiera pasado cinco minutos en compañía del viejo Troy.
Nate no se veía con ánimos para enfrentarse a aquel jaleo. El expediente le resultaba cada vez más pesado
a medida que iba leyendo su contenido. Cuando aquella guerra terminara, ocuparía una habitación.
El juez Wycliff hizo su espectacular entrada a las doce y media, disculpándose por estar tan atareado
mientras se quitaba la toga a toda prisa.
—Usted es Nate O'Riley —dijo, tendiéndole la mano a Nate.
—Sí, señor juez —respondió Nate—, celebro conocerlo.
Josh consiguió dejar de lado el teléfono móvil. Los tres se apretujaron alrededor de la mesita y
empezaron a comer.
Josh me ha explicado que consiguió localizar usted a la mujer más rica del mundo —dijo Wycliff,
saboreando un bocadillo con fruición.
—Sí, en efecto. Hace aproximadamente un par de semanas.
—¿Y no puede decirme dónde está?
—Ella me rogó que no lo hiciera. Y yo se lo prometí.
—¿Comparecerá para declarar en el momento oportuno?
John Grisham El testamento
155
—No tendrá que hacerlo —intervino Josh. Guardaba en la carpta un informe relacionado con la cuestión
de la presencia de Rachel durante el juicio—. Si ella no sabe nada acerca de la capacidad mental del señor
Phelan, mal puede presentarse como testigo.
—Pero ella es parte implicada —señaló Wycliff.
—En efecto. Sin embargo, su presencia se puede excusar. Podemos pleitear sin ella.
—¿Excusar por parte de quién?
—De usted, señoría.
—Tengo intención de presentar una solicitud en el momento oportuno —dijo Nate—, pidiendo al tribunal
su autorización para la celebración del juicio sin su presencia.
Josh esbozó una sonrisa desde el otro lado de la mesa. «Así me gusta, Nate», pensó.
—Mejor será que nos ocupemos de eso más adelante —repuso Wycliff—. Me interesa más la
presentación obligatoria de los datos. Huelga decir que los demandantes están deseando seguir adelante sin
dilación.
—La testamentaría presentará mañana su respuesta —intervino Josh—. Estamos preparados para dar
batalla.
—¿Y el defensor?
—Aún estoy trabajando en la respuesta —respondió Nate en tono grave, como si llevara varios días en
ello—, hiba a presentarla mañana.
—¿Está usted preparado
—Sí, señor.
—¿Cuándo podemos ver la renuncia y la aceptación por esperar esos documentos de parte de su cliente?
—De eso no estoy seguro. ¿Es para la presentación de los datos?
—Técnicamente no tengo jurisdicción sobre ella hasta que reciba los documentos.
—Sí, lo comprendo. Estoy seguro de que aquí. Su servicio de correos es muy lento. Josh miró con una
sonrisa a su protegido.
—¿Usted la localizó, le mostró una copia del testamento, le explicó lo que eran los documentos de
renuncia y aceptación y accedió a representarla? —preguntó el juez.
—Sí, señor —contestó Nate, pero sólo porque no tenía más remedio que hacerlo.
—¿Lo incluirá usted en una declaración para que conste en acta?
—Eso es un poco insólito, ¿no le parece? —observó Josh.
—Es posible, pero si iniciamos la presentación sin su renuncia y aceptación, necesito que conste en acta
que se ha establecido contacto con ella y que ella sabe lo que estamos haciendo.
—Me parece una buena idea, señor juez —dijo Josh como si la idea se le hubiera ocurrido a él desde un
principio—. Nate la firmará.
Nate asintió con la cabeza e hincó el diente en su bocadillo, confiando en que lo dejaran comer sin verse
obligado a contar más mentiras.
—¿Estaba ella unida a Troy? —inquirió Wycliff. Nate masticó todo lo que pudo antes de contestar.
—Aquí estamos hablando confidencialmente, ¿verdad?
—Por supuesto; es un simple chismorreo.
«Claro, y los chismorreos hacen ganar o perder los juicios.»
—No creo que estuvieran demasiado unidos. Ella llevaba años sin verlo.
—¿Cómo reaccionó cuando leyó el testamento?
Wycliff hablaba, efectivamente, en tono distendido, familiar incluso. Nate comprendió que el juez quería
conocer todos los detalles.
—Se llevó una sorpresa —contestó ásperamente Nate.
—No me extraña. ¿Preguntó cuánto?
—Más tarde, sí. Creo que se sentía abrumada, como cualquier persona en su lugar.
—¿Está casada?
—No.
Josh comprendió que las preguntas acerca de Rachel podían prolongarse un buen rato, y eso resultaba
peligroso. No convenía que Wycliff supiera, al menos por el momento, que a Rachel no le interesaba el dinero.
Como siguiese insistiendo en el tema y Nate siguiese diciéndole la verdad, algo acabaría por escaparse.
John Grisham El testamento
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—Mire, señor juez —dijo, encauzando hábilmente la conversación por otros derroteros—, éste no es un
caso complicado. La presentación de los datos no puede durar mucho. Ellos están nerviosos, y nosotros también.
Hay un montón de dinero en la mesa y todo el mundo lo quiere. ¿Por qué no aceleramos el proceso de la
presentación obligatoria de los datos y fijamos una fecha para el juicio?
Acelerar un litigio en un asunto de legalización era algo inaudito. A los abogados de testamentarías se les
pagaba por horas. ¿Por qué tantas prisas?
—Es interesante —admitió Wycliff—. ¿Qué se propone usted?
—Organizar cuanto antes una reunión para que se proceda a la revelación de los datos. Reunir a todos los
abogados en una habitación y que cada uno de ellos presente una lista de los posibles testigos y documentos. Dar
un plazo de treinta días para todas las declaraciones y fijar la fecha del juicio para noventa días más tarde.
—Eso es un plazo tremendamente corto.
—En los tribunales federales lo hacemos constantemente. Da resultado. Los muchachos de la otra parte lo
aceptarán con entusiasmo, porque sus clientes están sin un centavo.
—¿Y usted, señor O'Riley? ¿Está su cliente ansiosa de recibir el dinero?
—¿Usted no lo estaría, señor juez? —replicó Nate. Los tres se echaron a reír.
Cuando Grit consiguió atravesar la línea de la defensa telefónica de Hark, sus primeras palabras fueron:
—Estoy pensando en ir a ver al juez.
Hark pulsó la tecla de grabación de su teléfono y dijo:
—Buenas tardes, Grit.
—Podría explicarle al juez la verdad, que Snead ha vendido su declaración por cinco millones de dólares
y nada de lo que afirma es verdad.
Hark se echó a reír lo bastante alto para que Grit lo oyera.
—Usted no puede hacer eso, Grit.
—Por supuesto que puedo.
—Pues no demuestra ser usted muy listo, la verdad. Escúcheme, Grit, y preste mucha atención. Primero,
usted firmó la nota junto con todos los demás, lo cual significa que está implicado en el delito del que nos acusa.
Segundo, y más importante, sabe lo de Snead porque intervenía en el caso en calidad de abogado de Mary Ross.
Se trata de una relación confidencial. Si usted divulga cualquier dato que haya obtenido en el desempeño de las
tareas propias del abogado de una persona, quebranta el principio de secreto profesional, y si comete usted una
estupidez, ella presentará una protesta al colegio de abogados y yo lo perseguiré sin piedad hasta conseguir que
lo expulsen de éste. Haré que le retiren la licencia, Grit, ¿lo ha entendido?
—Es usted un canalla, Gettys. Me ha robado mi cliente.
—Si tan contenta estaba su cliente, ¿por qué se buscó a otro abogado?
—Aún no he terminado con usted.
—No cometa ninguna estupidez.
Grit colgó violentamente el auricular. Hark disfrutó del momento y después reanudó su trabajo.
Circulando solo en su automóvil por la ciudad, Nate cruzó el río Potomac, pasó por delante del Lincoln
Memorial y se dejó llevar sin prisa por el tráfico. Los copos de nieve acariciaban el parabrisas, pero la anunciada
