- •Vueltas de los pantalones. Él también espera hacerse rico cuando me muera, y supongo que está contando los
- •Vida o muerte para ellos, pues todos están endeudados. El testamento que tengo ante mí va a hacerlos ricos y
- •Vas directamente al grano, ¿eh?
- •Incredulidad y rompió a llorar.
- •Impuestos sobre la herencia serían brutales.
- •Intrascendentes preguntas acerca del estado de ánimo de la familia.
- •Insatisfactoria que era su respuesta—. Troy firmó un testamento poco antes de arrojarse al vacío y me ordenó
- •Intrépidos y jóvenes abogados, entraron en el despacho. Se sentaron alrededor de una mesa caoba que había en
- •Vida de lujo hasta el momento en que había entrado en posesión de su herencia. Sus cinco millones de dólares
- •Velocidad por la interestatal—. Quinientos millones de dólares libres de impuestos —añadió con una sonrisa.
- •Iban a ninguna parte porque no podían permitirse el lujo de alquilar estudios de grabación, pero su grupo sería
- •Interno ella era una puta, y el hecho de que fuese la propietaria de todo hacía que el pobre Rex se pasara muchas
- •Inestabilidad; ambos celebraban muchas fiestas y tenían amigos muy turbulentos, todos ellos atraídos por el
- •Viejo paseaba desnudo por la playa, contemplando embobado a las jóvenes francesas. Josh y su mujer se habían
- •Vacía, Josh metió el brazo entumecido por el frío y volvió a cerrar la portezuela.
- •Vaqueros almidonados, les sirvió un whisky de malta muy añejo procedente del armario del señor Phelan.
- •Impresionante serie a las actividades al aire libre, de sonadas condenas contra médicos acusados de negligencia
- •Inmediato tras haber abandonado el de Hark. Le hizo un informe completo de todo lo que había dicho éste.
- •Investigaciones y parece ser que se enorgullecen de localizar a los pueblos más remotos de la Tierra.
- •Iniciar su aventura. Cuando a las diez Sergio entró a verle, lo encontró sentado como un monje en el centro de la
- •Virginia, y presentó una petición de apertura obligatoria de la última voluntad y testamento de Troy l. Phelan.
- •Inmediato.
- •Inadvertido fácilmente.
- •Idiomática le produjo un fugaz acceso de ansiedad que terminó en cuanto una agraciada auxiliar de vuelo
- •Virginia sólo las cuatro y media.
- •Valdir sacudió la cabeza sonriendo.
- •Valdir lo había asustado más de lo que quería reconocer. Se sentó en el borde de una mesa de cámping y
- •Inmediatamente se apartaban del camino de aquel verdadero carro blindado. Deliberadamente o por descuido, el
- •Instante.
- •Ventanillas del aparato y Milton bajó a seiscientos metros de altura. A la izquierda, mucho más cerca, se
- •Impenetrable, pero el impasible piloto se había quitado las gafas de sol y su frente estaba perlada de sudor. El
- •Ventanilla. La pista de aterrizaje era tan corta como el camino de la entrada de una bonita casa de una zona
- •Ver a Jevy conversar por teléfono fue una tortura para Nate. No entendía una sola palabra, pero el
- •Informe que le habían facilitado, y desde entonces había cambiado muy poco. El aislamiento de la gente era
- •Vuelta. Se señaló el reloj y Luis lo acompañó de nuevo a casa.
- •Valdir se despidió, no sin desearle una vez más feliz Navidad. Los Nike aún estaban mojados, pero se los
- •Intentó practicar jogging a lo largo de una manzana, pero el dolor se lo impidió. Bastante le costaba
- •Veintiocho años llamado Lance, encantado de poder hacer aquel viaje a pesar de que ella le doblaba la edad.
- •Igual lo que pudiera estar haciendo su hijo de catorce años.
- •Vio las hileras de botellas de bebidas alcohólicas, whisky, ginebra, vodka, todas llenas y sin abrir,
- •Vestíbulo para tomarse una buena taza de café cargado.
- •Imagen de mi rostro y he deseado la muerte, pero aquí estoy, sentado y respirando. Dos veces en tres días he
- •Indiferente. La estancia en Walnut Hill había hecho que su apetito disminuyera bastante, pues el método de
- •Viviera allí, se relacionase con las mismas personas, hiciera el mismo trabajo e hiciera caso omiso de los mismos
- •Varios abogados llegaron al extremo de sugerir que se les permitiera abrir y leer el testamento. Era muy largo y,
- •Irritados por el hecho de que no pudieran acceder de inmediato a la sala. Se intercambiaron algunas palabras
- •Visitantes de las salas de justicia. Los precedía Wally Bright, su abogado de las páginas amarillas. Wally vestía
- •Verdad y nada más que la verdad.
- •Intervenían en todas las peleas, siempre de parte de los Phelan y contra los reporteros. Después ayudaban a los
- •Imposible tarea de buscarle a Troy junior un puesto en la compañía que éste pudiera ocupar sin provocar una
- •Importancia. El jefe del departamento jurídico había dicho que, bien mirado, el testamento había sido una suerte.
- •Ventanas.
- •Incluso volar a casa con él, y quedarse allí el tiempo que hiciera falta para que se resolvieran todos los embrollos
- •Ilegítima de Troy Phelan. Tras finalizar sus estudios de Medicina, Rachel había cambiado de apellido en su afán
- •Veces al año, en marzo y en agosto, y Rachel solía llamar una vez al año desde un teléfono público de Corumbá
- •Inmediato. Alguien aconsejó que se les permitiera hablar de todos modos, y así quedó zanjado el problema.
- •Informes, ni notas, ni ideas acerca de lo que iba a decir a continuación; simple palabrería de un camorrista que
- •Impugnación. Los herederos, incluido Ramble, corrían el peligro de perder lo poco que Troy les había dejado en
- •Visto más lugares de Estados Unidos que él.
- •Vender.
- •Indios estadounidenses habían ganado algo. «y nosotros no los quemábamos en la hoguera —pensó—, ni los
- •Indicara el camino de regreso a la seguridad.
- •Indios podían comprender.
- •Incapacitado para testar. Nadie en su sano juicio se arrojaba por una ventana, y el que hubiese legado una
- •Volumen de la conciliación depende de mí. Si mis recuerdos son claros y detallados, puede que mi antiguo jefe
- •Inmenso pantano, exhalaré mi último aliento.»
- •Ver la primera choza y percibir olor a humo.
- •Inglés?
- •Veredictos favorables, reducir un poco más su aportación a los gastos generales del bufete y llevarse a casa más
- •Valdir regresó a su despacho, cerró la puerta y se acercó de nuevo a la ventana. El señor Stafford se
- •Indio entendiese.
- •Vernos otra vez hecho eso, me iré.
- •Indios están intentando dormir. Además, no olvide que les llamamos mucho la atención.
- •Insignificantes en aquel lugar y momento.
- •Veía muy conmovido y al borde de las lágrimas, pero conseguía decirle a la cámara lo que acababa de ver. Josh y
- •Imprecisión.
- •Vuelve a la normalidad sin que se produzca ningún daño. La tierra lo es todo para los indios, su vida; buena parte
- •Visitarme. Ella me contó la verdad acerca de mis padres biológicos, pero la revelación no significó nada para mí.
- •Veía la tierra de la orilla. Los indios empezaron a hablar entre sí y, al entrar en el Xeco, dejaron de remar.
- •Varias docenas de ellas. Vio la luz doblar una curva y, al oír el golpeteo del motor diésel, comprendió
- •Viejo había perdido la chaveta en aquel momento.
- •Varones.
- •Valdir estaba viendo la televisión y fumando su último cigarrillo de la noche sin prestar atención a las
- •Vestíbulo y de toda una serie de pasillos hasta llegar a una pequeña sala de reconocimiento donde una
- •Verdad que ella estaba allí.
- •Intimidatoria. Cuatrocientos abogados. Vestíbulos de mármol. Cuadros de firma en las paredes. Alguien estaba
- •Veinticinco a veinte. Y, si podemos atraer a Mary Ross, lo reducirá a diecisiete coma cinco. Si convencemos a
- •Valdir tenía un teléfono móvil. ¿Por qué no había llamado?
- •Intravenosa del brazo y huir hacia la libertad. Se arriesgaría a salir a la calle. Estaba seguro de que allí fuera no
- •Valdir tomó el teléfono y se retiró a un rincón, donde trató de describirle a Josh el estado de Nate.
- •Interrumpió el goteo. Tocó la frente de Nate y comprobó que no tenía fiebre.
- •Vivienda de Georgetown había terminado durante su estancia en el centro de desintoxicación. No tenía ningún
- •Inversiones dudosas. Después empezó a salir con una universitaria adicta a la cocaína y el muro se resquebrajó.
- •Introducía pastillas en la boca, lo obligaba a beber agua para que se las tragase y le humedecía el rostro con
- •Iban a enviar dinero. El consulado en Sáo Paulo estaba resolviendo la cuestión del pasaporte.
- •Volvió a reclinar la cabeza en la almohada y se tranquilizó mientras sentía que se le relajaban los
- •Instrucciones del médico. No tenía ni rastro de fiebre, la erupción cutánea había desaparecido y sólo le dolían un
- •Ver cosas y oír voces, incluso creer en fantasmas, sobre todo de noche, pero aun así siguió buscando.
- •Iban de bar en bar. Las calles eran cálidas y seguras; nadie parecía temer que le pegaran un tiro o lo atracaran.
- •Invocó el nombre de Dios. El señor estaba esperándolo.
- •Vio el rostro de Cristo, muriendo en la cruz tras una dolorosa agonía. Muriendo por él.
- •Indios la miraban cuando ella pasaba por su lado. Contó la historia de la niña que había muerto por culpa de la
- •Integridad de ese testamento. Segundo, sé la opinión que al señor Phelan le merecían sus hijos. La mera
- •Insinuar que Rachel tiene previsto rechazar la herencia haría que perdiésemos el control de la situación. Los
- •Vio el teléfono y le llamó la atención. Al parecer, seguía funcionando. Como era de esperar, Josh se había
- •Iglesia de la Trinidad.
- •Iglesia y su fachada daba a una calle secundaria. Caminaron pisando con mucho cuidado la nieve.
- •Verdad era que nadie podía fiarse de nadie. Había demasiado dinero en juego como para dar por seguro que el
- •Improcedentes.
- •Ilegítima, que tenía unos diez u once años cuando usted entró al servicio del señor Phelan. Éste intentó, a lo
- •Ver si funcionaba. No le dieron de comer a la hora del almuerzo. Se burlaron de él y lo llamaron embustero. En
- •Inestables peldaños. Era una ancha y larga sala con un techo muy bajo. El proyecto de reforma llevaba bastante
- •Indicó:
- •Iglesia de la Trinidad. Pero ambos consumieron gran cantidad de café y, al final, se terminaron el estofado de
- •Ventisca no se había producido. Al llegar a un semáforo en rojo de la avenida Pennsylvania, miró por el espejo
- •Impuestos de sucesión dividido por seis... Los honorarios de siete cifras se convertían en honorarios de ocho
- •Investigación para que llevara a cabo una indagación sobre los herederos Phelan. El examen se centraba más en
- •Volviendo a los cinco millones, ¿había invertido alguna parte de aquel dinero en acciones u obligaciones?
- •Vestían prendas mucho más informales. Junior llevaba un jersey rojo de algodón.
- •Vida, y después se arrojó al vacío. Supo engañar a Zadel y a los demás psiquiatras, y ellos se dejaron embaucar.
- •Veces se les veía juntos. Nate decidió no entrar en detalles. De repente, experimentó el deseo de terminar cuanto
- •Vidas que sólo giraban en torno al dinero.
- •Iré allí primero. Mi hijo mayor es estudiante de posgrado en la Universidad del Noroeste en Evanston, y tengo
- •Inmensa fortuna, ¿y aun así, sabiendo que había perdido el juicio, no le dijo nada a su abogado, el hombre en
- •Volvió a mirar a Nate, que estaba rebuscando entre sus papeles como si tuviera una copia del contrato. Snead
- •Invitaron de nuevo a cenar, pero él impuso como condición que Theo también participara. Almorzó con Angela
- •Veinte minutos de distancia. A las ocho y media lo llamó para decirle que una amiga suya había sufrido un
- •Inútiles notas en un cuaderno tamaño folio sencillamente porque eso era lo que estaban haciendo los demás. No
- •Viaje a Baltimore. Nate sabía que por nada del mundo habría abandonado el país.
- •Igual que cada uno de los abogados en el despacho de Wycliff.
- •Voltaje acerca de una de las fortunas personales más grandes del mundo. Josh le había reprochado su aspecto,
- •Impulso fue el de cruzar la estancia y besarle los pies a Nate. En su lugar, frunció el ceño con expresión muy
- •Valdir estaba esperando en el aeropuerto de Corumbá cuando el Gulfstream rodó hasta la pequeña
- •Inglés? ¿Cabría alguna posibilidad de que lo hubiera echado de menos o hubiera pensado en él siquiera? ¿Le
- •Visitó el hospital. Lo soñó usted todo, amigo mío.
- •Indios. Debajo de ella y encima de una mesita había una caja de plástico de material médico. El jefe señaló la
- •Inclinados uno o dos centímetros hacia la derecha.
- •Vivido once años allí y parecía ejercer una considerable influencia en él, pero no había conseguido convertirlo.
Intravenosa del brazo y huir hacia la libertad. Se arriesgaría a salir a la calle. Estaba seguro de que allí fuera no
habría tantas enfermedades. Cualquier lugar sería mejor que aquella sala de leprosos.
Sin embargo, sus pies parecían ladrillos. Trató de levantarlos, primero uno y después el otro, pero apenas
consiguió moverlos. Hundió la cabeza en la almohada, cerró los ojos y sintió deseos de llorar. «Estoy en un
hospital de un país del Tercer Mundo repetía una y otra vez—. Dejé Walnut Hill, mil dólares diarios, timbres
para todo, alfombras, duchas, terapeutas a mi entera disposición... »
El hombre de las llagas soltó un gruñido y Nate se hundió todavía más. Después tomó cuidadosamente la
gasa, se la colocó de nuevo sobre los ojos y la aseguró con el esparadrapo tal como estaba antes, sólo que más
fuerte.
Snead acudió a la cita con su propio contrato, que había escrito él mismo sin la ayuda de ningún abogado.
Hark lo leyó y no tuvo más remedio que reconocer que no estaba mal redactado. Llevaba por título «Contrato
por servicios de testigo experto». Los expertos daban opiniones. Snead se centraría sobre todo en los hechos,
pero a Hark no le importaba lo que dijera el contrato. Lo firmó y entregó un cheque conformado por valor de
medio millón de dólares. Snead lo tomó con mucho cuidado, examinó cada una de las palabras, lo dobló y se lo
guardó en el bolsillo de la chaqueta.
—¿Por dónde empezamos? —preguntó con una amplia sonrisa en los labios.
Había muchas cosas que discutir. Los demás abogados de los Phelan querían estar presentes. Hark sólo
tuvo tiempo para formular una primera pregunta.
—En términos generales, ¿en qué estado mental se encontraba el viejo la mañana en que murió?
Snead se agitó, se revolvió en su asiento y frunció el ceño como si estuviera reflexionando. Quería decir
lo más apropiado. Tenía la sensación de que ahora los cuatro millones y medio de dólares dependían de las
palabras que pronunciase.
—No estaba en su sano juicio —contestó.
La frase quedó en suspenso mientras él esperaba una señal de aprobación.
Hark asintió con la cabeza. De momento, todo bien.
—Y esta situación, ¿tenía algo de insólito?
—No, en sus últimos días no le funcionaba bien la cabeza.
—¿Cuánto tiempo pasaba usted con él?
John Grisham El testamento
130
—Prácticamente las veinticuatro horas del día.
—¿Dónde dormía?
—En mi habitación, al final del pasillo, pero él tenía un timbre para llamarme. Yo estaba de guardia las
veinticuatro horas del día. A veces se levantaba en mitad de la noche y quería un zumo de fruta o una pastilla.
Pulsaba el botón, sonaba el timbre y yo iba a buscar lo que él pedía.
—¿Quién más vivía con él?
—Nadie más.
—¿Con qué otra persona se relacionaba?
—Quizá con Nicolette, la joven secretaria. La chica le gustaba.
—¿Mantenía relaciones sexuales con ella?
—¿Serviría eso para favorecer nuestra causa?
—Sí.
—Pues entonces le diré que follaban como conejos.
Hark no pudo por menos que sonreír. La afirmación según la cual Troy se acostaba con su última
secretaria no sorprendería a nadie.
Ambos no habían tardado demasiado en encontrar la misma longitud de onda.
—Mire, señor Snead, eso es lo que nosotros queremos. Necesitamos todas las rarezas, las
excentricidades, los lapsus evidentes, las cosas extrañas que hacía y decía y que, tomadas en su conjunto, sirvan
para convencer a cualquier persona de que el señor Phelan no estaba en su sano juicio. Dispone de todo el
tiempo que haga falta. Siéntese y empiece a escribir. Reúna todas las piezas. Hable con Nicolette, cerciórese de
que se acostaba con el viejo y preste atención a lo que ella le diga.
—Dirá cualquier cosa que nosotros queramos.
—Muy bien. Ensáyelo bien y procure que no haya ningún resquicio que otros abogados puedan
descubrir. Todo lo que usted cuente ha de sostenerse por sí solo.
—No hay nadie que pueda rebatir mis afirmaciones.
—¿Está seguro? ¿Ningún chófer de limusina, ninguna criada o ex amante, o quizás otra secretaria?
—Tuvo a su servicio a todas esas personas, es verdad, pero nadie vivía en el piso decimocuarto con el
señor Phelan y conmigo. Era un hombre muy solitario. Y estaba completamente chalado.
—Entonces, ¿cómo es posible que actuara tan bien en presencia de los tres psiquiatras?
Snead reflexionó por unos instantes. Estaba fallándole la capacidad de mentir.
—¿A usted qué le parece? —preguntó.
—Pues a mí me parece que el señor Phelan sabía que el examen iba a ser difícil porque era consciente de
su pérdida de facultades, y precisamente por esta razón le había pedido a usted que le preparara una lista con las
preguntas que le formularían. También me parece que usted y el señor Phelan se habían pasado aquella mañana
repasando cosas tan sencillas como la fecha del día, que él no conseguía recordar, los nombres de los hijos, que
prácticamente había olvidado, las universidades donde éstos habían estudiado, con quién se habían casado,
etcétera, y que después ensayaron varias preguntas relacionadas con su salud. Me parece asimismo que, tras
haberle ayudado a aprenderse de memoria estos datos básicos, se pasó usted por lo menos dos horas haciéndole
preguntas sobre sus propiedades, la estructura del Grupo Phelan, las empresas que poseía, las adquisiciones que
había hecho, los precios de cierre de determinadas acciones... Él le demostraba cada vez más confianza en
cuestiones económicas, por cuyo motivo usted no tuvo ninguna dificultad a la hora de prepararlo para el
examen. Para el viejo fue muy aburrido, pero usted estaba firmemente decidido a que conservara toda su
agudeza mental justo antes de que se sometiese al examen. ¿Le suena?
Snead se mostró encantado. Y se quedó de una pieza ante la capacidad del abogado de inventarse
mentiras en el acto.
—¡Sí, sí, eso es! Así fue como el señor Phelan consiguió engañar a los psiquiatras.
—Pues siga trabajando en ello, señor Snead. Cuanto más elabore su declaración, mejor testigo será. Los
abogados de la otra parte lo acosarán. Atacarán su declaración y lo llamarán embustero; por consiguiente, debe
estar preparado. Anótelo todo para tener siempre constancia escrita de sus relatos.
—Me gusta la idea.
—Fechas, momentos, lugares, incidentes, cosas raras... Todo, señor Snead. Y lo mismo tiene que hacer
Nicolette. Haga que lo consigne por escrito.
—No se le da bien escribir.
—Pues ayúdela. De usted depende, todo, el dinero, tendrá que ganárselo.
John Grisham El testamento
131
—¿De cuánto tiempo dispongo?
—Nosotros, los demás abogados y yo, quisiéramos verlo en video dentro de unos días. Oiremos su relato,
lo acribillaremos a preguntas y después contemplaremos su actuación. Estoy seguro de que querremos cambiar
algunas cosas. Lo adiestraremos y es posible que grabemos más videos. Cuando ya no haya resquicios, estará
usted preparado para la declaración.
Snead se retiró a toda prisa. Quería depositar el dinero en el banco y comprarse un automóvil nuevo.
Nicolette también necesitaba uno.
Un enfermero del turno de noche que estaba haciendo la ronda observó la bolsa vacía. Las instrucciones
escritas a mano en la parte posterior decían que el gota a gota no debía interrumpirse. La llevó a la farmacia del
hospital, donde una estudiante de enfermería que trabajaba a tiempo parcial volvió a mezclar las sustancias
químicas y le devolvió la bolsa al enfermero. Por el hospital circulaban rumores acerca del rico paciente
norteamericano.
En su sueño, Nate se fortaleció con medicamentos que no necesitaba. Cuando Jevy acudió a verlo antes
del desayuno, lo encontró medio despierto y con los ojos aún cubiertos con la gasa, pues prefería la oscuridad.
—Está aquí Welly —le dijo Jevy en un susurro.
La enfermera que estaba de guardia ayudó a Jevy a sacar la cama de la habitación y a empujarla por el
pasillo hasta un pequeño y soleado patio. Luego hizo girar una manivela y la mitad de la cama se inclinó.
Después retiró la gasa y el esparadrapo sin que el paciente pegara un respingo. Nate abrió lentamente los ojos y
trató de enfocar los objetos. A pocos centímetros de su rostro, Jevy señaló:
—Le ha bajado la hinchazón.
—Hola, Nate —dijo Welly, inclinado sobre él al otro lado de la cama.
La enfermera se retiró.
—Hola, Welly —repuso Nate con voz profunda, lenta y pastosa. Estaba aturdido, pero se sentía feliz.
Jevy le dio unas palmaditas en la frente y le anunció:
—La fiebre también ha desaparecido.
Los brasileños se miraron el uno al otro con una sonrisa y soltaron un suspiro de alivio por el hecho de no
haber matado al norteamericano durante su excursión por el Pantanal.
—¿Qué te ocurrió? —le preguntó Nate a Welly, procurando hablar con frases cortas por temor a sonar
como un borracho.
Jevy tradujo la pregunta al portugués. Welly se animó de inmediato y empezó a contar con lujo de
detalles la historia de la tormenta y el hundimiento del Santa Loura.
Jevy lo obligaba a detenerse cada treinta segundos para traducir. Nate escuchó procurando mantener los
ojos abiertos, pero todavía le costaba fijar la atención en algo.
Valdir los encontró en el patio. Saludó cordialmente a Nate y se alegró de ver a su huésped incorporado
en la cama y con mejor aspecto. Sacó un teléfono móvil y, mientras marcaba los numeros, le dijo:
—Tienes que hablar con el señor Stafford. Está muy preocupado por ti.
—No sé si...
Las palabras de Nate se perdieron mientras éste se dejaba vencer por el sueño.
—Toma, incorpórate un poco más, es el señor Stafford —anunció Valdir, pasándole el teléfono y
ahuecando su almohada.
—Hola —dijo Nate.
—¡Nate! —contestó una voz—. ¡Eres tú!
—Josh.
—Nate, prométeme que no te vas a morir. Prométemelo, por el teléfono por favor.
—No estoy muy seguro.
Valdir acercó cuidadosamente el teléfono y le ayudó a sujetarlo. Jevy y Welly se apartaron.
—Nate, ¿encontraste a Rachel Lane? —preguntó Josh a gritos.
Nate se reanimó un instante y frunció el entrecejo, tratando de concentrarse.
—No —respondió.
—¡Cómo!
—No se llama Rachel Lane.
—Pero ¿qué demonios estás diciendo?
John Grisham El testamento
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Nate trató de pensar durante un segundo, pero el cansancio se apoderó de él. Se hundió un poco en la
almohada mientras seguía intentando recordar el nombre. Quizás ella no le hubiera dicho su apellido.
—No lo sé —musitó sin apenas mover los labios. Valdir le acercó un poco más el teléfono.
—¡Nate, háblame! ¿Encontraste a la mujer que buscamos?
—Ah..., sí. Aquí abajo todo bien, Josh. Tranquilízate.
—¿Qué hay de la mujer?
—Es encantadora.
Josh vaciló por un instante, pero no podía perder el tiempo.
—Me parece muy bien, Nate. ¿Firmó los papeles?
—No recuerdo su nombre.
—¿Firmó los papeles?
Se produjo una larga pausa, en cuyo transcurso Nate inclinó la barbilla sobre el pecho como si estuviera
durmiendo. Valdir le sacudió el brazo y trató de moverle la cabeza con el teléfono.
—La verdad es que me gustó —dijo repentinamente Nate—. Muchísimo.
—Estás medio atontado, analgésicos, ¿no es cierto?
—Sí.
—Mira, Nate, llámame cuando tengas la mente más despejada, ¿de acuerdo?
—Yo no tengo teléfono.
—Pues utiliza el de Valdir. Por favor, llámame, Nate.
Nate asintió con la cabeza y cerró los ojos.
—Le pedí que se casara conmigo —le dijo al teléfono antes de inclinar la barbilla sobre el pecho por
última vez.
