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Практикум по истории испанского языка. Manual de la historia de la lengua española

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Министерство просвещения Российской Федерации
Федеральное государственное бюджетное образовательное учреждение
высшего образования
«Волгоградский государственный социально-педагогический университет»
Н.В. Титаренко
ПРАКТИКУМ ПО ИСТОРИИ
ИСПАНСКОГО ЯЗЫКА
MANUAL DE LA HISTORIA
Волгоград
Научное издательство ВГСПУ
«Перемена»
2021
УДК 378:811.13 ББК 74.48:81.2 Т 450
Титаренко, Н.В.
Т 450
Практикум по истории испанского языка: manual de la his­toria de la lengua española / Н. В. Титаренко. – Волгоград : На­учное издательство ВГСПУ «Перемена», 2021. – 111 с.
Практикум состоит из семи тематических разделов, включающих до­полнительный материал на испанском языке, упражнения на его закреп­ление, а также задания для самостоятельного выполнения. Практикум снабжен текстами для анализа из различных источников.
Для студентов института иностранных языков, обучающихся по про­филю подготовки «Испанский язык», а также для изучающих испанский язык на курсах и самостоятельно.
УДК 378:811.13
ББК 74.48:81.2
© Титаренко Н.В., 2021
© Волгоградский государственный
социально-педагогический университет, 2021
© Оформление. Научное издательство ВГСПУ
«Перемена», 2021
ÍNDICE
Tema 1. Introducción a la historia del idioma español ......................4
Tema 2. El romance primitivo y el castellano medieval ..................12
Tema 3. Fonética ..............................................................................19
El vocalismo.......................................................................19
El consonantismo ...............................................................25
Tema 4. Morfosintaxis ..................................................................... 31
Sustantivos, adjetivos, pronombres y determinantes ......... 31
El verbo y los elementos de relación .................................34
Tema 5. léxico (préstamos y dobletes) ...........................................37
Tema 6. El castellano durante los siglos XIV–XVII ........................ 43
La etapa alfonsí y el siglo XIV .......................................... 43
El siglo XV ........................................................................47
Siglo(s) de Oro ...................................................................49
Tema 7. Historia del español de América ........................................ 51
Manuales y diccionarios de Historia de la lengua española ............55
Textos para el análisis ...................................................................... 57
I. El Cantar de mío Cid (antiguo, actual, ruso) ................................ 57
II. El Cantar de mío Cid (antiguo) ................................................... 66
III. Celestina ..................................................................................... 72
IV. Galatea ........................................................................................ 94
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Tema 1. INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA
DEL IDIOMA ESPAÑOL
I. Material adicional
1. Las lenguas y pueblos en la época prerromana (en los tiempos remotos)
La realidad lingüística de la Península Ibérica antes de la llegada de la lengua latina es el período menos conocido de la historia general de la lengua española.
Sin embargo, el conocimiento de las lenguas y los pueblos prelatinos en Hispania (así fue denominada la Península Ibérica por los romanos) es fundamental, pues ayuda a entender el posterior desarrollo e implantación de la lengua latina en esta zona del mundo románico.
La Península estaba habitada por numerosos pueblos de diferente ori­gen y lenguas. Si describimos las principales áreas, obtenemos el siguiente panorama:
[A]. ÁREA CANTABRO-PIRENAICA: astures, cántabros y vascones. La cordillera cantábrico-pirenaica, y a ambos lados de los Pirineos, estu­vo habitada por estos pueblos que, según todos los indicios, no conocían la escritura y compartían una desigual organización social y económica. Las condiciones físicas del terreno (grandes valles incomunicados por las cordilleras) hicieron que en estas zonas el contacto con otros pueblos y otras culturas haya sido menor que en la franja mediterránea o central de la Península. A menudo se indica que la lengua hablada en esta región puede señalarse como un estadio remoto del vasco actual.
Toda esta región comparte elementos lingüísticos preindoeuropeos, algunos de los cuales son más fácilmente reconocibles hoy en la toponimia: gorri ‘rojo’, berri ‘nuevo’, etxe ‘casa´, erri ‘lugar´.
[B]. ÁREA IBÉRICA: ceretanos, indigentas, ausetonos, ilergetas, layetanos, edetanos, contéstanos. Llegaron probablemente desde el Norte
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de África, ocupaban toda la franja del Sureste, desde la Andalucía Oriental hasta Valencia y Cataluña (sobrepasando los límites pirenaicos) y el Valle del Ebro entre los siglos VII y el III a. de С. En realidad, la denominación íbero no hace referencia a un pueblo en concreto, sino que aglutina todo un conjunto de elementos culturales y pueblos migratorios en la antigüedad (de distintas épocas y procedencias diferentes) que llegaron a la Península y que se encontraban diseminados por ella cuando arribaron los latinos. Algunos historiadores distinguen dos grandes grupos ibéricos: la zona meridional (la Andalucía oriental hasta la franja mediterránea del norte de Murcia) y la región levantina (desde el Sur de Alicante hasta el sur francés). Lingüísticamente, debieron de hablar una lengua más o menos común que ha podido ser parcialmente interpretada, sobre todo a raíz de las numerosas inscripciones en plomo, piedra o cerámica que los descubrimientos arqueo­lógicos han revelado.
[C]. ÁREA INDOEUROPEA: vacceos, vettones, verracos/arevacos, car­petonos, oretanos, lusitanos. Desde el primer milenio a. de С se sabe que ya hubo constantes migraciones de pueblos que procedían del centro de Europa fundamentalmente y con base indoeuropea. El grupo más conocido es quizá el céltico. El contacto con los íberos debió de ser de tal intensidad que los romanos acuñaron el término celtiberia, probablemente por la absorción de la escritura ibérica por parte de los celtas.
Superestrato germánico: desde antiguo los romanos tenían contactos con la Germania. En estas relaciones predomina la inuencia del latín. Las clases altas germánicas saben todos latín pero los romanos no. El centro principal de contactos estaba situado en el valle del Rin. Este era un territo­rio donde sobrevivían poblaciones célticas. La lengua empleada por estas poblaciones era el latín. De hecho, hay rastros de la administración romana en la toponimia. Ej.: Köln > Colonia.
Igualmente hay rastros en palabras del ámbito jurídico. Ej.: causa > kosa (antiguo alelmán) / strasse < via strata (calle empedrada).
En esta primera época de inuencias los elementos germánicos que penetran en el latín son pocos y bastante tardíos. A mediados del s. III d.C. los romanos establecen contactos con estas tribus. Hay un momento en que el ejército está formado en gran parte por hombres de origen germánico. En el siglo IV d. C. se adoptan nombres germánicos.
Hay una segunda época. Los elementos germánicos son el superestrato del latín en la Romanía occidental. Después de las invasiones, muchos elementos germánicos pasan al latín. El ujo no se interrumpe ni en la for­mación de las lenguas románicas. Pueblos germánicos: godos, alemánicos,
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borgoñeses, francos, lombardos. Las inuencias de estos pueblos en las lenguas románicas se dan mayoritariamente en el campo de la toponimia y la antroponimia. Aparte de estos, el número de préstamos es bastante reducido.
[D]. ÁREA TARTESA: tartesios (turdetanos o túrdulos). Extendidos por la Baja Andalucía y el Sur de Portugal. Conocieron la escritura, basada Ínicialmente en caracteres silábicos y más tarde – con signos silábico­alfabéticos.
[E]. ÁREA GALAICA: galaicos. En el extremo noroccidental de la Península se desarrolló una cultura de base urbana (con numerosos castras o poblados) que guarda estrecha relación con las corrientes migratorias que se producían a través del Atlántico y que conecta directamente con los asentamientos culturales británicos. Son los llamados galaicos.
Otras zonas de relativa importancia son las colonias orientales asentadas en el Sur y en Levante. Entre ellas contamos con:
1) los fenicios, quienes establecieron relaciones comerciales en la parte meridional de la Península. Nombres de origen fenicio, algunos con evolu­ciones o interferencias posteriores, son: Cádiz (<GÁDIR) que fue fundada en el 1100 a. de C.; Málaga (< MÁLAKA); Medina Sidonia (< sidón) ; Adra (< abdera). El nombre de Hispania (< ise-РНАМ-iм) ´tierra (isla/costa) de conejos’ fue tomado por los romanos de este pueblo, en contra del dado por los griegos (Iberia).
2) Los cartagineses -que fundaron Cartagena (< CARTAGO), Mahón (< PORTUS MAGONIS) o Ibiza (< EBUSUS).
3) Los griegos que tuvieron especial protagonismo en ciudades como Alicante (< LUCENTUM), Rosas oAmpurias (< EMPORION) . Intenso fue el contacto entre la cultura griega y las civilizaciones orientales que dio origen al arte ibérico.
Ahora podríamos hacernos las siguientes preguntas: ¿cuál es la huella de las lenguas prerromanas en la Península?, ¿qué ha perdurado de ellas? y ¿qué garantías tenemos hoy en día para asegurar que tal o cual término procede de uno de esos sistemas lingüísticos utilizados en la Antigüedad? La respuesta está llena de incógnitas que vienen condicionadas por el des­conocimiento de toda esa realidad lingüística anterior. Lo que sí es cierto es que las lenguas prerromanas tienen un aprovechamiento relativo, pues ninguna de ellas sobrevivió, salvo el vasco que llega hasta nuestros días.
Las huellas de lenguas prerromanas principalmente se conservan en la toponimia mayor y menor [los nombres de las poblaciones] en muchos casos con derivaciones posteriores debido a otras aportaciones lingüísticas. Son denominaciones con los sujos -ASCO (Beasque, Vtoscón, Girasga,
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Retascón, Tarascón, Piasca, Benasque, Balase, Magasca, Benascos), -OSCO,
-usgo (Amusco, Ledusco, Оrusсо, Blosca), -ONA (Barcelona, Badalona, Ausona, Tarazona) o las formaciones sobre la raíz -BORM, -BORB, -BORN (Bermela, Bormate, Bormujos, Bornos, Borbén). En las ciudades fundadas por los celtas se aprecian los nombres guerreros compuestos con la base BRIGA 'fortaleza´ o con OSEGO 'victoria': CONIMBRÍGA > Coimbra, MUNDOBRIGA > Munébrega, BRIGANTIUM > Betanzos, BRIGAETIUM > Benavente, SEGONTIA > Sigüenza, SEGÓVIA. También celta es el sujo
-ACU: Luzaga, Buitrago, Sayago o los formados con BEDUS 'zanja, arro­yo': Bedoña (Guipúzcoa), Begoña (Vizcaya), Bedoya (Santander), Bedoja (La Coruña) o sobre CLUNIA como Coruña o ARGANT- ‘plata’: Arganda
El vocabulario preindoeuropeo ofrece también grandes dicultades para su clasicación. Se conservan las palabras que se reeren a accidentes geográcos como cueto ‘cerro’, barranco, alud, barro, arroyo, charco, balsa; otras que tienen que ver con las plantas: chaparro ‘mata de encina o roble’, carrasca ‘encina’, mata ‘conjunto de árboles o arbustos´; animales: sapo, becerro; y algunas otras como légaña, sama, abarca, cama, o todo un conjunto de sujos toponímicos de escasa vitalidad hoy en día: -IECO, -UEСО, -ala,
-ara, -aga, -ana, -ama. Por otro lado, voces celtas peninsulares son álamo, huelga (Las Huelgas), comba, brezo, greñón y greña, colmena, gancho, huero, brío; o el sujo -IEGO apreciable en palabras como andariego, mujeriego, gallego, manchego, labriego, etc.
2. Breve historia de la Península Ibérica
Periodo prerromano
La Península Ibérica debe su nombre a una de las tribus cuyo origen no está bien claro. Esta tribu – los íberos o iberos, -habitó la península desde el neolítico y parece ser afín (близкий, сходный) al grupo hamita (хамит­ская) del Norte de África, sobre todo a los bereberes. Supuestamente, los primeros iberos poblaron en un principio lo que es hoy la zona de Almería, subiendo, mas tarde, al litoral mediterráneo hasta llegar a los Pirineos.
Según otra versión histórica, los antiguos iberos son descendientes de las tribus jaféticas (яфетические) de Caucaso. Entre otras cosas es la prueba de dicha anidad el que la antigua Georgia igualmente se llamaba Iberia. En la toponimia peninsular este nombre se ha retenido en la denominación de uno de los ríos más importantes de la región septentrional de España, el Ebro. La onomástica española de origen vasco tembién retiene algunos nombres y apellidos que parecen ser de la misma raíz, por ejemplo, Ibarra, Ibárruri,
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etc. Los vascos de hoy deben de descender de una de las ramas iberas que se había establecido en los montes Pirineos, ocupada también una parte de la actual Gascuña francesa.
En la Edad de Bronce la mayor parte de lo que hoy es Andalucía la ocuparon otras tribus iberas que tomaron el nombre de «tartesios» o «tur­detanos». Los restos de su cultura aún quedan en el valle de Guadalquivir. A diferecia de los iberos del Norte de la península, los turdetanos ya conocían el régimen esclavista como sistema de organización estatal, habiendo ya abandonado el sistema tribal.
Además de dichos pueblos de raza ibera, en la Península vivieron también los ligures, de origen europeo, y griegos, pero su estancia en Iberia no dejó rastro visible. No sucede lo mismo con los fenicios que se establecieron en la costa del sur mediterráneo aproximadamente para el año 1100 a.n.e. Eran hábiles navegantes y comerciantes, y al salir de la tierra natal de Canaán (en Palestina) empezaron su expansión por la zona mediterránea. Sus pri­meras colonias en Iberia eran Hispalis (hoy Sevilla), Cades, o Gadir (hoy Cádiz), Corduba (hoy Córdoba), Malaka (hoy Málaga) y algunas más. La procedencia del nombre Híspania parece estar ligada con el antiguo nombre de la ciudad de Sevilla. Hasta hoy coexiste con el gentilicio “sevillano” la forma sinónima “hispalense”.
En el siglo VII a.n.e. llegaron a la Península Ibérica los cartagineses que, igual gue los fenicios, eran de origen canaaneo. Habiendo fundado al Norte de África la ciudad de Cártago, la fueron convirtiendo en el centro de su expansión territorial en la región. De ahí que una de sus primeras poblaciones en Iberia lleva el nombre de Cartago Nova (hoy Cartagena).
En la misma época, por el Norte, empieza la invasión de los celtas que venían divididos en cuatro tribus: cántabros, gallegos, astures y lusitanos. Todos estos nombres quedaron, grabados en la toponimia peninsular, a sa­ber, Cantabria (asimismo, el Mar Cantábrico), Galicia, Asturias, Lusitania (hoy Portugal). Los celtas se extendieron por el país desde Cantabria hasta el río Tajo, y llegaron a fundirse con la población ibera, dándose el nombre nuevo de celtiberos, Esta fusión fue más bien política puesto que lingüís­ticamente los dos pueblos conservaban autonomía. En estos momentos no sabemos cómo había sido la lengua de los celtas ibéricos, a menos que se hagan reconstrucciones a través de otros idiomas célticos tales cómo el galés continental (ya muerto), manés (también muerto), irlandés, galés y escocés. Lo que sabemos ciertamente por ahora es que en el período prerromano en la Península Ibérica no había unidad lingüística.
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Período romano
El año 218 a.n.e. es la fecha del desembarco de los Escipiones en la ciudad hispana de Ampurias, que dio inicio a la conquista romana de la península Ibérica. Ese mismo año fue el primer año de la segunda guerra púnica que se coronó, en 201 a.n.e. con la victoria de los romanos. Sin embargo, la resistencia de los pueblos hispánicos a la romanización de su patria duró casi dos siglos. Entre los hechos históricos de aquella época se destacan por el heroísmo de los defensores la resistencia de las ciudades de Sagunto y Numancia. El sitio de Numancia por las tropas escipionicas que tuvo lugar a mediados del siglo II a.n.e. inspiró a Miguel Cervantes para la creación de su obra homónima. No fue casual el hecho de que los romanos hubieran llamado estos acontecimentos “guerra de fuego” por lo tenaz que era la resistencia de los celtiberos. La provincia de Bética fue la primera en ser romunizada. Más tardaron en someterse al dominio invasor las regiones septentrionales ocupadas por cántabros y astures. Muchos testimonios sobre la resistencia de los hispanos los expone en sus escritos el historiador romano Tácito, así como el escritor Plinio ha tocado dicho tema. Consumada la romanización de la península Ibérica, el imperador Vespasiano extiende a todos los naturales del país la legislación latina. A partir de ese mismo período empieza una rápida integración de la nueva provincia al Imperio. Los colonistas romanos que iban asentándose por todo el territorio ibérico desplazaban a la población autóctona de los centros de la civilización implantando ahí su lengua y cultura se fundaron numerosas escuelas y centros docentes cuyo objetivo primordial fue la implantación de la cultura foránea. Y como ésta resultó ser mucho más alta por su nivel de desarrollo; fue desplazando a la anterior casi sin problemas. Pronto Híspania se convirtió en el segundo país del Imperio Romano en cuanto a su inuencia política y cultural. Allí nacen los dos Sénecas, el Quintiliano, Lucano, Marcial y muchos otros que ennoblecieron las letras romanas dándoles aun más gloria y brillantez. La lengua latina llegó a ser la única vía de comunicación entre diversos grupos de los romanos. Jugó cierto papel en la expansión lingüística el cristianismo cuya llegada coincidió con la romanización, sólo una parte de la población aborígena que habitó los Pirineos conservó la lengua natal que es el éuscaro,o la lengua vasca.
Período postromano
En la primavera de 406, los pueblos germanos que eran los alanos, gua­dos, suevos, y vándalos se pusieron en gran marcha (великое переселение) desde el centro de Europa hacia Occidente. En el mes de septiembre del
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año 409 lograron atravesar el paso de Roncenvalles y entraron en Hispania. Dos años después las tribus germanas aún no estaban asentadas en sitio jo. Pero después del año 411, los guados y los suevos, decidieron asentarse y repartirse las tierras que habían conquistado. A los suevos les correspondió toda Galicia, parte de Asturias, León, Zamora y norte de Lusitania. A los guados, toda Lusitania, incluida la provincia de Cáceres y parte, de Salaman­ca. Al poco tiempo los suevos encabezados por su rey Hermerico lograron la fusion y el caudillaje de todo el pueblo guado-nuevo, jando su capital en Bracara (hoy Braga, en Portugal),
Los vándalos y los alanos, a su vez, al tornar parte en el reparto de las tierras hispanas se apoderaron del sur y este de la Península. Sin embargo, su estancia en Iberia fue pasajera. Después de saquear a su antojo las pro­vincias de la Bética y la Cartaginensis, atravesaron el estrecho de Gibraltar y se asentaron al Norte de África. Se calcula que lograron hacerlo más de 80 mil vándalos y alanos. En la toponimia ibérica quedan pocos vestigios de esta primera estancia de tribus germánicas, aunque el propio nombre de Andalucía parece haber tomado su origen de Vandalusia (Vandalia).
En 410 tiene lugar un acontecimiento aterrador para el mundo civilizado de aquella época y que da inicio a una nueva era en la historia universal: la toma y el asqueo de Romo por las huestes del godo Alarico. Dos años después éste muere y es sucedido por su cuñado Ataúlfo. El nuevo rey godo en 415 cruzó los Pirineos con sus guerreros y se estableció en Barcinona (Barcelona). Un siglo y medio más tarde el rey Atanagildo (554-567) ja su sede en Toleto (Toledo), En 570 el rey Leovigildo denitivamente establece la capital del reino visigodo en Toledo. El ocaso del reino en 711, cuando después de la muerte del joven Witiza, una asamblea elige rey a Rodrico (Rodrigo). Empero, no todos estuvieron de acuerdo con la elección. Contra Rodrigo se alzaron los descontentos con el obispo da Sevilla Oppas a la ca­beza. Rodrigo logró derrotar a los rebeldes que huyeron a Ceuta. Al mismo tiempo estalló una gran revuelta en el norte, cerca de Pamplona, a donde Rodrigo dirigió todo su ejército.
En ese mismo momento el obispo Oppas y el gobernador de Ceuta, el conde Julián, pactaron con los musulmanes la recuperación del trono visigodo para los hijos de Witlza. En mayo de 711 el gobernador árabe del África Tariq ben Ziyad acompañado por Oppas y el conde Julián cruzaron el estrecho y desembarcaron en España. A nales de julio se dio la famosa batalla del rio Guadalete, triunfaron los sarracenos. Sobre la suerte de Rodrigo no volvió a saberse nada con exactitud. Esos son los inicios de la época árabe en España.
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