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Практикум по истории испанского языка. Manual de la historia de la lengua española

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☆
7. Según lo anterior, ¿cómo se escribirían en la Edad Media las palabras
del ejercicio 5?
8. ¿De dónde proceden los actuales fonemas /θ/ interdental y /x/ velar
del español del centro y norte peninsular?
9. ¿A qué fenómeno nos referimos con el término “çeçeo”? ¿En qué
otros dos fenómenos se desdobla?
10. ¿Qué otros cambios fonéticos aún en marcha se inician en los siglos
XVI y XVII?
Tema 4. MORFOSINTAXIS
SUSTANTIVOS, ADJETIVOS, PRONOMBRES Y DETERMINANTES
I. Material adicional
1. LOS PRONOMBRES PERSONALES
Los pronombres personales tenían también marca de género, número y caso, pero, a diferencia de sustantivos y adjetivos, han mantenido ciertas diferencias casuales y el género neutro en el singular.
Formas tónicas Formas átonas
Sujeto Tras preposición Objeto directo Objeto indirecto
EGO > yo MIHI > mí ME > me ME > me TU > tú TIBI >ti TE >te TE >te ILLE > él ILLE > él ILLUM > lo ILLI > le ILLA > ella ILLA > ella ILLAM > la ILLI > le ILLUD > ello ILLUD > ello ILLUD > lo ILLI > le NOS >
nos(otros) vos > vos(otros) vos > vos (otros) vos > (v)os vos > (v) os
ILLOS > ellos ILLOS > ellos ILLOS > los ILLIS > les ILLAS > ellas ILLAS > ellas ILLAS >las ILLIs > les
NOS >
NOS > nos NOS > nos
nos(otros)
SIBI > sí SE > se SE > se
1.1. Observaciones sobre las formas tónicas
a
Las formas actuales de I
y 2a persona del plural son el re sultado de la adición de otros, combinación que no se consolida como forma normal del pronombre hasta el siglo XVI. La gramaticalización de nosotros y
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vosotros ha de estudiarse dentro de las transformaciones en el sistema de fórmulas de tra tamiento (v. Penny 2002: 137–139). En latín no existían formas especícas de respeto, empleándose tu (singular) y VOS (plural) para dirigirse a cualquier persona, pero en época tardía empezó a usarse vos como singular de respeto. En el castellano medieval se mantuvo y acentuó la distinción entre el tratamiento deferencial y el no deferencial, reservándose tú para las relaciones familiares y de conanza, y vos para el plural y para el singular de cortesía. No obstante, vos fue haciéndose más frecuente para el singular, hasta el punto de que dejó de sentirse como fórmula de respeto, lo que obligó a los hablantes a crear nuevas formas de tratamiento que hicieran más evidente el valor deferencial, siendo la principal vuestra(s) merced(es) > vuesa(s) merced(es). Este cambio empujó, a su vez, al abandono de vos como forma no deferencial de plural y a la consolidación de vosotros para esta función, contagiado a la I
a
persona, nosotros.
Las nuevas formas de cortesía sufrieron un proceso de acor tamiento
fónico que desembocó en los actuales usted – ustedes.
1.2. Observaciones sobre las formas átonas
Los fenómenos que afectan a la 3
a
persona son: el leísmo (empleo de le en función de objeto direc to), laísmo (extensión de la para el objeto indirecto femenino) y loísmo (lo como objeto indirecto masculino. Se produjo una distinción entre la norma septentrional y la meridional, pues esta última se mantuvo respetuosa con el sistema funcional heredado del latín.
Tradicionalmente se ha dicho que el leísmo, primero y más importante de los fenómenos de confusión casual, en sus orígenes no era sino una manifestación de la tenden cia de la lengua a distinguir las categorías de persona y cosa, n al que obecede también la extensión de la preposición a ante objeto directo de persona. Pero esta tendencia era opuesta a otra: la marca de género en el pro nombre clítico, fuerza que, en el caso del loísmo y el laísmo, logra imponerse sobre la distinción entre persona y cosa. Desde la Edad Media, el leísmo es mucho más frecuente referi do a persona que a cosa, y más en singular que en plural. En el siglo XIV el laísmo reforzará la oposición de géneros en detrimento de la casual. Hoy en día, a pesar de que lo normativo sea el sistema casual de le para objeto indirecto y lo, la para objeto directo, lo cierto es que si guen en pugna diferentes sistemas.
2. LOS DEMOSTRATIVOS Y EL ARTÍCULO
2.1. Los demostrativos
Los demostrativos españoles (este, ese, aquel) conforman un siste ma ternario surgido de la reorganización del latino, que en la época clásica estaba constituido por tres grados.
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2.2. El artículo
El latín clásico carecía de artículos, pero en el latín vulgar el demostrativo latino de 3 una distinción casual, con las formas ele, el procedentes del nominativo para la función de sujeto, y lo, elo como formas oblicuas
a
persona (ille, illa, illud) comenzó a adquirir este valor. Existió
El demostrativo femenino
ille
illum.
illa evolucionó de dos maneras dife rentes,
perdiendo la vocal nal (la) ante sustantivo que comenzaba por consonante, y la vocal inicial (el) ante nombre que empezaba por vocal, sin excepción ante
a- tónica o átona y en alternancia con la ante las demás vocales (el iglesia – la iglesia, el era – la era). A lo largo del siglo xiii se tiende a limitar el empleo
de el a su anteposición a a-, siendo inconstante ante e- y excepcional ante cualquier otra vocal. A partir de mediados del siglo XV la forma el se va restringiendo a su anteposición a a- tónica o átona, y la denitiva limitación ante a- tónica no se da hasta el siglo XVII (el alma, el agua).
3. LOS POSESIVOS
En latín los posesivos, que eran siempre tónicos.
Las formas to, so para el masculino pervivieron durante todo el siglo xiii. El triunfo de tu, su, tanto para el fe menino como para el masculino, pudo estar motivado por el deseo de borrar una distinción genérica no basada en la tradicional oposi ción -o/-a. Poco a poco, los adjetivos posesivos antepuestos al sustantivo se hicieron átonos, lo que provocó la apócope de la vocal nal (con excepción nuestro, vuestro, que hubieran dejado en posición nal un grupo consonantico ja más documentado), con lo que las formas se redujeron a tres: mi(s), tu(s), su(s). En el siglo xiii empieza a ser posible la an teposición del artículo al posesivo (el mío jo). Otra estructura muy habitual en la Edad Media es la del pose sivo de 3
a
persona seguido del poseedor, expresado éste mediante un complemento introducido por la preposición de (sus parientes de la muger).
II. Ejercicios
1. Pon tres ejemplos que justiquen la armación de que el español es
una lengua analítica frente al carácter sintético del latín.
2. ¿Cómo se explica el cambio experimentado desde el latín clásico
socrus, nurus al español suegra, nuera?
3. ¿Cuál era el género de los sustantivos arte y mar en latín? ¿Cómo son
en el español actual estándar?
4. Di qué pronombres personales se empleaban como formas de
tratamiento en el castellano medieval para los siguientes casos:
a
a. 2
persona del singular, deferencial:
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a
b. 2
persona del singular, no deferencial:
a
persona del plural, deferencial o no deferencial:
c. 2
a
persona del plural, deferencial o no deferencial, enfático:
d. 2
5. Explica brevemente el uso de las formas singulares de tratamiento tú,
vos y usted en todo el ámbito hispánico.
a
6. Si en el uso latino de los pronombres átonos de 3
persona, y en el español normativo actual, lo que prima es la función sintáctica del pronombre, ¿a qué intención responden los fenómenos del leísmo, laísmo y loísmo?
7. El artículo en el agua, ¿es masculino o femenino? ¿Hasta qué siglo fue normal usar el ante sustantivo que comenzara por /a/, tanto tónica como átona?
8. En el siglo XIII, ¿cuAl era el género de los posesivos to, so? ¿Y el tu, su?
9. ¿Cuál es el sentido originario de uno?
10. En la literatura de los Siglos de Oro aún podemos leer frases como ¿Cuyo es este sombrero? ¿Cómo deberíamos decirlo ahora?
EL VERBO Y LOS ELEMENTOS DE RELACIÓN
I. Material adicional
1. Los pasados de indicativo
En el perfecto latino
(amavi > amé) habían conuido dos tiem pos del indoeuropeo: el aoristo, que expresaba acción pasada, y el perfecto, que indicaba el resultado presente de una acción pasada inmediata o el resultado durable de una acción remota.
En el castellano medieval el verbo haber se sigue empleando como verbo pleno con los signicados de ‘obtener’, ‘tener’, sen tido éste que también conserva en los giros con participio, por lo que en esta época he fecho es un presente y no un pasado, equiva lente al actual ‘tengo hecho’. No obstante, junto a este valor resultativo en el presente, la construcción pasó a expresar anterioridad en el presente o, lo que es lo mismo, acción pasada en el presente ampliado del hablante, valor que prevalece en el español penin sular.
2. Los tiempos compuestos
El latín clásico no poseía ninguna forma verbal compuesta, pero el latín vulgar creó todo un sistema de giros formados por
habere ‘tener’ o esse
‘ser’ y participio pasado. El nacimiento de los tiempos compuestos supuso la sustitución de las formas sintéti cas latinas por las nuevas analíticas para expresar perfectividad.
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Pero haber y ser no habían perdido su signicación.
Durante mucho tiempo, las contrucciones de haber y ser+ par ticipio mantuvieron su valor primario resultativo, al que se sumу, al menos en el caso de haber + participio, la expresión de anterio ridad, de manera que una oración como aver las viñas labradas podía signicar tanto ‘tener las viñas labradas’ como ‘ha ber labrado las viñas’.
3. La forma amara
La forma en -ra corresponde en la actualidad al imperfecto de subjuntivo, pero procede del pluscuamperfecto de indicativo latino,
amaveram. En el
español del siglo XIII siguió pertenecien do al paradigma del indicativo
De hecho, hoy todavía se encuentra con estos valores de indicati vo en el discurso periodístico y de la narración histórica, como en la oración El
príncipe visitó la universidad que inaugurara su abuelo cincuenta años antes.
En el español actual, amara y amase (y los correspondientes tiempos compuestos) son equivalentes en los contextos en los que es obligatorio el subjuntivo, mientras que en los restos de valores de indicativo (como pluscuamperfecto, indenido o condicional) sólo es posible amara.
4. Ser y estar
El actual verbo ser procede de la fusión de los latinos y
sedere ‘estar sentado’, ‘estar parado o inmóvil’: de sedere derivan el
innitivo mientras que las restantes formas provie nen de
(sedere > seer> ser), el imperativo y el presente de subjuntivo,
esse. Has ta nales de la
esse ‘ser, existir’
Edad Media ser mantuvo su carácter locativo, equi valente a estar, con el que empezó a alternar desde el siglo XIV.
Hasta el siglo XVI el verbo copulativo por excelencia era ser, y el de- nitivo reparto entre ser y estar no se produce hasta, al menos, un siglo más tarde.
5. Las conjunciones
La pobreza de nexos en el castellano pri mitivo y la creación de todo un nuevo sistema de conjunciones en torno a que a medida que se iba desarrollando la escritura romance como vehículo de cultura.
Al lector moderno le llama la atención el abuso de la copulativa e y la complejidad del discurso derivada de la acumulación de oraciones y del estilo altamente reiterativo.
6. Las preposiciones
La mayoría de las preposiciones latinas se conservan en español, pero la pérdida del sistema casual hizo que estos elementos de rela ción adquirieran funciones nuevas, como de, heredera del genitivo, y que se traspasaran
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algunos de sus usos originarios, como el com plemento agente de la pasiva. Por otra parte, la frontera entre la preposición y el adverbio nunca ha sido clara, pues su forma es con frecuencia intercambiable y sus diferencias son sólo de índo le sintáctica. Ya en latín hubo adverbios que pasaron a ser preposi ciones, como
foras ‘fuera’ > fueras ‘excepto’ (hoy se conserva fuera
de con este valor), y combinaciones de preposiciones que dieron lugar a
adverbios, como
de + trans > detrás, forma ésta que ahora requiere de la
preposición de cuando introduce un sustantivo (detrás de la casa), pero que en el castellano medieval no la necesitaba.
6.1. La preposición a La mayor parte de los usos de a son herencia directa de la latina
ad. Con
valor locativo, si existe idea de movimiento a expresaba y expresa dirección o destino (ir a, dirigirse a, llegar a).
Un uso singular de a en español, motivo de dudas por parte de los hablantes nativos y extranjeros, es su anteposición al CD. Ya en latín vulgar comenzó a emplearse la preposición
ad ante el acusa tivo para el objeto
directo de persona.
6.2. Las preposiciones por y para
La forma de por deriva de la preposición los de
pro y los de per; de hecho, ya en latín vulgar estas dos preposiciones
pro, pero sus usos pro ceden de
empezaron a confundirse, y en el castellano de hasta mediados del XIII se utilizaban indistintamente por y per como simples variantes fonéticas de un mismo elemento.
En cuanto a la actual para, en el castellano medieval fue pora, preposición formada por la unión de por+ a. Es, por tanto, una crea ción medieval, en su origen una locución prepositiva o preposición compuesta cuyo primer elemento era a su vez el resultado de la con uencia de
pEr. La compatibilidad semántica y la facilidad fonética para unir los dos
pro y
elementos propició la creación de la nueva preposición pora – para, que a diferencia de la simple por, marcaba de manera inequívoca la idea de nalidad, y de ahí, posteriormente las de dirección, destinatario, etc.
II. Ejercicios
1. Explica la diptongación en las formas del presente de indicativo de las
personas yo, tú, él y ellos del verbo fregar <
fricare: friego, friegas friega,
fregamos, fregáis, friegan.
2. ¿Cuál es el origen de las formas de futuro y condicional del español actual? Explica el motivo de la irregularidad de las formas de hacer (haré – haría) y decir (diré – diría).
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3. ¿Qué diferencia funcional existe entre los participios fuertes y débi les
de aquellos verbos que cuentan con dos formas distintas?
4. ¿Qué valor temporal y aspectual tenía he hecho en el castellano me­dieval? Explica la posterior distinción funcional del pretérito per fecto entre el español peninsular y el de Canarias y América.
5. Explica el valor de los tiempos compuestos desde una perspectiva temporal y desde una perspectiva aspectual.
6. ¿Qué verbo se empleaba como auxiliar de los tiempos compuestos con verbos como llegar o partir (de un lugar)?
7. Explica en qué casos de los siguientes no es posible el uso de amase o hubiese amado y por qué:
– Las representaciones se hicieron en las ciudades que inmortalizara el
autor en su obra.
– Quisiera hacerle una pregunta, por favor. – Si lo hubiese sabido, se lo hubiera dicho.
8. ¿Qué tenían en común los verbos
sedĒre (> ser) y stĀre (> estar) en
latín y cómo evolucionaron a sus respectivos valores de existencia y estado?
9. ¿Qué nexo o conjunción se tomó como base para crear todo un nuevo sistema de conjunciones romances?
10. ¿Con qué intención se formó la preposición para (pora)? ¿Por qué se eligió la preposición a para su formación?
Tema 5. LÉXICO (PRÉSTAMOS Y DOBLETES)
I. Material adicional
Aportaciones no latinas al léxico español
En unos casos, las voces pasaron al latín y de ahí al español, como sucedió con las palabras de origen prerromano y la mayoría de los helenismos; en otros casos, son préstamos directos al español, introduci dos en muy diversas épocas y con distinto grado de adaptación.
Lenguas prerromanas
Cuando los romanos llegaron por vez primera a la Península Ibérica (año 218 a. C.) encontraron unas tierras habitadas por pueblos que hablaban lenguas distintas. Con frecuencia, no es posible concretar la lengua prerromana de la que proceden las voces, pero su carácter originario o exclusivo de la Península Ibérica pueden explicarse por su procedencia de estas lenguas preexistentes a la romanización. En realidad, apenas se sabe
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nada de las lenguas prerromanas de origen no indoeuropeo, es decir, de todas menos las célticas, con la excepción del vasco.
Los préstamos de las lenguas prerromanas son, en su inmen sa mayoría, voces que designan conceptos de la vida material de aquellos pueblos; hay nombres de árboles, plantas y ani males, accidentes geográcos y palabras relacionadas con los tra bajos agrícolas, etc. Por ej., algunas reemplazaron a términos latinos que habían adquirido connotaciones negativas, como
sinistru > siniestro fue sustituido por la palabra vasca izquierdo (< ezker).
De origen celta parecen abedul, álamo, aliso o berro; los sustantivos referentes al terre no berrueco, légamo y serna; los nombres de animales
garza o puerco; palabras propias del trabajo del campo, como colmena, gancho y huero; y términos diversos, como braga, baranda, cantiga, tarugo, es tancar y virar. El vasco proporcionó numerosos vocablos al
latín hispánico y al romance posterior, de la misma manera que el euskera ha incre mentado su léxico a lo largo de la historia mediante la adopción de voces latino-románicas. Muchos nombres de persona españoles son de origen vasco (García, Iñigo, Jimeno, Javier), así como topóni mos con
Cha- inicial (Chamartín) o voces diversas: aquelarre, boina, cencerro, chaparro, chatarra, légaña, pestaña, pizarra, vega, zamarra o zurdo. De origen prerromano, pero incierto, son alud, arroyo, ascua, balsa, barro, bruja, cama, charco, garrapata, gusano, madroño, mante ca, páramo, sapo, sarna, sarro y zarza.
Helenismos
El contacto durante siglos entre griegos y romanos hizo que el latín tomara numerosos préstamos del griego, que pasaron des pués a las lenguas romances por vía oral. Entre estos primeros helenismos hay nombres de herramientas y objetos domésticos, como ampolla, baño, cesta, cuchara, cuerda, espada, lámpara, linterna, sábana o saco; se reeren a la vivienda y la construcción voces como bodega, cal, piedra, plaza, torre o yeso; nombres de plantas, como caña, cereza, olivo o tallo; de animales, como
concha, esponja, morena, ostra, perdiz y pulpo; y otras diversas, como golpe, huérfano, pena, talento o tío.
También son abundantes las palabras del griego que pasaron al latín eclesiástico y después al español, pero precisamente por su carácter religioso suelen ser cultismos o semicultismos: abismo, bautismo, biblia, blasfemar,
canónigo, cátedra, católico, celo, cementerio, clérigo, coro, diablo, ermita, himno, iglesia, lego, limosna, mártir, misterio, monasterio, palabra, papa, paraíso, parroquia, patriarca, profeta, salmo.
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El tercer gran grupo de helenismos del español está consti tuido por términos técnicos o cientícos, especialmente de la medicina. Así, del ámbito de la medicina documentadas ya en el siglo XIII: anatomía, catarro, estómago, ema, lepra; en el siglo XV: arteria, cardíaco, diarrea, gangrena; de los dos últimos siglos: anemia, anestesia, clínico, psiquiatría, quiste. Términos referentes al saber, la cultura y la educación: carta, crónica,
escuela, losofía, gramática, historia, poeta, teatro; academia, alfabeto,
bi blioteca, coma, comedia, metro, ortografía, sintaxis, tragedia; crítico, dialecto, drama, enciclopedia, escena, frase, idioma, metáfora, museo, problema, tesis.
Arabismos
Las voces de origen árabe constituyen el mayor caudal léxico no latino del español, con varios cientos de elementos. Los árabes estuvieron en la Península Ibérica ocho siglos, desde su llegada en el año 711 hasta el nal de la llamada Reconquista, en tiempos de los Reyes Católicos. La mayoría de los arabismos se incorporaron al castellano en fechas tempranas, antes de la expansión geográca de éste, lo que se explica por la necesidad de encontrar palabras nuevas para realidades y conceptos nuevos traídos por los árabes, y por el gran prestigio de esta lengua como vehículo de un saber y una cultura superiores a los de Europa. Muchos préstamos del árabe pertenecen a la categoría sustan tiva y aparecen frecuentemente precedidos por el artículo invaria ble a(l)-, interpretado por los castellanos como sílaba inicial de las palabras: adarga, alcázar, alférez, alforjas, almena, almirante,
ata laya, jinete, tambor, zaga; alcalde, aldea, alguacil, almacén o barrio; aduana, ahorrar, alquiler o tarifa. Más numerosos son los que se reeren a la construcción y la vivienda: adobe, ajuar, alacena, alcantarilla, alcoba, alfombra, almohada, andamio, azotea, azulejo, jarra, rincón, taza o zaguán.
Es necesario mencionar elementos tan importan tes del español como la preposición hasta o la interjección ojalá.
Los arabismos sufrieron adaptaciones a la pronunciación hispanolatina que se tradujeron en una gran inestabilidad hasta su denitiva adopción. Desde ese momento, su evolución fonética fue la misma que la del léxico heredado del latín.
Galicismos, provenzalismos y occitanismos
Durante toda la Edad Media, Francia (con Provenza y Languedoc) ejerció una notable inuencia en España. Durante los primeros siglos de la Reconquista cristiana en suelo peninsular, fueron muchos los franceses que participaron en las campañas; el camino de Santiago supuso una ince sante
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llegada de peregrinos desde Francia, muchos de los cuales se asentaron a lo largo del camino. También de Francia venían los modelos literarios de la época.
De esta época son términos militares como aliar, corcel, dardo, esgrimir,
es tandarte, echa, galopar o maestre, al ámbito religioso pertenecen capellán, fraile, hereje, hostal; duque, homenaje, linaje, bailar, danzar, rima, trovar, vihuela, etc.
Con el siglo de la Ilustración llega a España la monarquía francesa de los Borbones, y con ella, un periodo de enorme in uencia de la cultura gala. Se introducen numerosas palabras de la casa y los muebles: billar, buró, botella, cacerola, coqueta, chalé, hotel, sofá, galleta, grosella...; y del mundo de la moda, como bisutería, boga, bucle, corsé, modista, pantalón; así como otras mu chas voces: control, detalle, favorito, interesante, intriga, galante, silue ta, etc.
Americanismos
Las lenguas que apor taron mayor número de préstamos al español fueran el caribe y arahuaco, que incluye el taino (Caribe), el náhuatl (México) y el quechua (Perú y resto del Imperio Inca). Casi todas las palabras se reeren a nuevas realidades para los españoles, como animales, frutos y plantas.
Del arahuaco y taino proceden, entre otras: ají, batata, cacique, canoa,
caoba, guacamayo, hamaca, huracán, iguana, maíz, yuca; del caribe son: butaca, caníbal, loro, mico, piragua. El náhuatl es la lengua que más préstamos aportó, por ejemplo: aguacate, cacahuete, cacao, coyote, chicle, chile, chocolate, hule, ocelote, petaca, pe tate, tiza, tomate, etc. Del quechua provienen, por ejemplo, alpaca, cancha, coca, cóndor, guano, llama, mate, papa, puma y vicuña.
Anglicismos
Son las voces pro cedentes del inglés, el volumen de anglicismos introducidos en el español en el último siglo y continúan llegan do. Los campos semánticos son los de la tec nología y la ciencia: casete, CD-ROM
o cederrón, clip, cómic, copyright, lm(e), mitin, monitor, playback, pop,
póster; radar, robot, rol, show, espray, vídeo o video, etc.; el campo de la moda: biquini, cosmético, eslip, jersey, nailon, panti; el comercio y las nanzas: balance, boom, chárter, devaluación, holding, mánager, marketing. Otro campo especialmente propicio es el de los depor tes: béisbol, boxeo, córner, crol, chutar, fútbol, gol, golf, récord, set, tenis, voleibol, y un largo etcétera’.
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