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Практикум по истории испанского языка. Manual de la historia de la lengua española

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☆
Las palabras cuya última sílaba comenzaba por un grupo de consonante oclusiva + /r/ uctuaron en cuanto a la posición del acento, pues parece que en el uso culto o literario el grupo consonántico se interpretaba como unidad, con lo que el lugar del acento dependía del carácter ligero o pesado de la penúltima sílaba. Sin embargo, en el habla popular, la primera de las consonantes se interpretó como nal de sílaba trabada, de modo que la penúltima sílaba era siempre la pesada. De esta forma, tendríamos dos realizaciones del latín
integru:
la culta ín-te-gru > íntegro
la popular
in-tĒg-ru > entero
Este tratamiento del grupo consonántico explica la actual acentuación llana de palabras como tinieblas <
ténebras o culebra <cólubra.
2. Sistema vocálico del latín tardío
El paso del latín clásico al tardío se tradujo en una serie de cambios fonéticos y fonológicos interrelacionados.
Pérdida de la cantidad vocálica
Como se ha señalado, las vocales del latín clásico poseían en tre sus rasgos distintivos el de la cantidad -que permitía diferen ciar palabras- y, asociado a la cantidad, el rasgo concomitante del timbre o grado de abertura, de forma que las vocales largas eran cerradas y las breves eran abiertas. Sin embargo, en el latín tardío la cantidad se convirtió en secundaria con respecto a la abertura y acabó por perderse como rasgo fonológico pertinente.
Como consecuencia de la pérdida de la cantidad, las diez voca les del latín clásico se redujeron a siete vocales con cuatro grados de abertura, dado que la distinción no afectaba al par de vocales más abiertas, /a/ y /a:/:
/i:/ /i/ + /e:/ /ε/ /a:/ + /a/ /o/ /o/ + /u/ /u:/
↓ ↓ ↓ ↓ ↓ ↓ ↓
/i/ /e/ /ε/ /a/ /o/ /o/ /u/
Esto ocasionó un cambio fundamental en la naturaleza del acento, que dejó de depender del carácter largo o breve de la penúltima sílaba para adquirir función distintiva.
La razón de este cambio, según algunos lingüístas, es la monoptongación de
AE en /ε:/, esto es, larga pero abierta a un mismo tiempo, para diferenciarse
de la /e:/ larga y cerrada procedente de
oE, con lo que las dos vocales
sólo se distinguirían por la abertura y no por la cantidad. Esto hizo que se reorganizara el sistema y que /ε / breve y abierta (representada
E) dejara de
oponerse a /e:/ larga y cerrada (Ē) para tener como correlato de oposición la nueva /ε:/, lo que, a su vez, empujó a /e:/ a emparejarse con la vocal de timbre
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más próximo, la /i/. Por paralelismo con el orden de las vocales anteriores, en las posteriores /o:/ se emparejó con /u/. Finalmente, conuyeron las parejas que tenían el mismo grado de abertura, resultando el esquema de siete vo cales con cuatro grados de abertura.
Monoptongación de los diptongos
Cada uno de los diptongos del latín clásico se redujeron a una sola
vocal en épocas diferentes. La monoptongación más temprana fue la de
AE,
cambio de singular importancia, como acabamos de ver, por ser el posible desencadenante de todos los procesos que afectaron al vocalismo latino. Ya en el siglo I a.C., y probablemente mucho antes en las zonas rurales,
AE /ai/ se
realizaba [ε:], es decir, una e larga, dada su procedencia de un diptongo, pero a la vez abierta, por la máxima abertura del primer elemento de /ai/ o por el deseo de diferenciarse de /e:/ cerrada procedente de la monoptongaciуn de
oE.
El resultado nal en castellano de la evolución del diptongo latino /ai/ suele ser, en sílaba tónica, el diptongo /ie/, lo que signica que el proceso previo de monoptongación tuvo que producirse cuando la cantidad había dejado o estaba dejando de ser rasgo pertinente, lo que hizo que el resultado se confundiera con la muchas palabras con
caecu > ciego caelu > cielo
es la misma que la de las que tenían
metu > miedo petra > piedra
E del latín clásico. De esta forma, la evolución de
AE originario, como por ejemplo:
E /ε /:
Aun así, algunas voces presentan hoy la solución /e/, es decir, muestran una evolución idéntica a la de las palabras latinas que tenían Ē:
faenu > heno caespite > césped
igual que:
mĒnsa > mesa tĒla > tela
La explicación parece estar en que las palabras que presentan evolución /ai/ > /e/ eran en realidad préstamos de otras variedades lingüísticas itálicas, en concreto del falisco y del umbro, que monoptongaron /ai/ antes que el latín. Estas voces tuvieron que pasar al latín cuando la cantidad de la vocal todavía era más importante que la cualidad de abierta o cerrada, lo que hizo que se identicaran con las palabras que en latín poseían Ē, es decir, /e:/ larga y, por lo tanto, cerrada.
En cuanto al diptongo
oE /oi/, pasó a /e:/ en latín tardío y, en consecuencia,
hoy se conserva como /e/:
coena > cena
poEnA > pena
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De la evolución
au > o hay casos desde fecha muy temprana – por
ejemplo, el Appendix Probi recrimina el uso de oricla en lugar de auric(u) la-, pero la monoptongación debió de circunscribirse en un principio a zonas rurales o a las clases bajas, por lo que su generalización fue posterior y limitada a algunas lenguas románicas. La evolución fue /au/ > /o:/ > /o/, salvo cuando el diptongo precedía a una consonante velar seguida de /u/, contexto en el que se perdió el elemento velar del diptongo y quedó sólo la /a/:
auru > oro paucu > poco
pero:
augustu > agosto auguriu > agüero
El acento de intensidad y sus efectos
Consecuencia fundamental de la desfonologización de la cantidad vocálica es el cambio en la naturaleza del acento, que deja de ser tonal para convertirse en acento de intensidad, pasando, por tanto, a tener carácter distintivo. Esta transformación del acento desencadenó, además, una serie de cambios de singular importancia.
El acento de intensidad marca una mayor diferencia entre vocales tónicas y átonas, las primeras realizadas con mayor fuerza y las segundas, mucho más débiles. Esa diferencia implica que en una palabra la sílaba con vocal tónica posee un tono más elevado y audible que las restantes, y su posibilidad de desgaste es mínima; por el contrario, las átonas tienen un tono más bajo y son más susceptibles de debilitarse, uctuar en cuanto a su timbre e, incluso, desaparecer. Pero el grado de intensidad de estas últimas varía dependiendo de su posición respecto a la sílaba que ostenta el acento principal y respecto a la posición de la sílaba en la palabra; así, la sílaba situada dos sílabas antes del acento principal y la sílaba nal poseen un acento secundario, lo que hace que la sílaba más débil de la palabra sea la intertónica, esto es, la situada entre el acento principal y uno secundario.
En el latín tardío, los principales efectos desencadenados por la pérdida de la cantidad vocálica y el nuevo acento de intensidad son:
1. Tendencia a eliminar los hiatos. La realización de dos vocales contiguas en sílabas distintas exige un grado de intensidad similar en ambas, lo que resulta difícil de mantener con un tipo de acento que se caracteriza por diferenciar la sílaba tónica sobre las demás. Lo habitual será convertir los hiatos en diptongos, creando nuevas unidades formadas por las vocales cerradas /i/, /u/ y cualquier otra vocal, esquema que se man tiene desde entonces:
fĪ-li-u > fĪ-liu > hijo pu-te-u > pu-teu > pozo
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2. Síncopa. Desde antiguo, el latín presenta algunos casos de pérdida de la vocal intertónica en palabras esdrújulas, fenómeno que en latín tardío se extiende y se hace sistemático en determinados contextos, como en contacto con
r (alteru > alt’ro > autro > otro), con l (calidu > caldo), en el sujo
-ulus/a (auricula > oric’la > oreja), etc. En época románica se generalizó
a los casos en los que la vocal precedía al acento principal
(computĀre >
comptar > contar).
3. Formación de la yod. Los diptongos están constituidos por una vocal y un elemento semiconsonántico (si la precede) o semivocálico (si la sucede), por lo que la transformación de los antiguos hiatos en diptongos provocó la aparición de estos elementos, de los que destaca la yod, término que engloba tanto a la semiconsonante [j] (primer miembro del diptongo) como a la semivocal [i] (segundo miembro del diptongo), si bien con frecuencia se emplea para referirse sólo al primero de los dos. La yod produjo en muchos casos efectos tanto en la vocal precedente como en la consonante contigua, inujo que dio lugar a numerosos sonidos palatales, hasta entonces inexistentes:
fĪ-li-u [fíliu] > fĪ-liu [fílju] > jo [∫o] > hijo [íxo]
La yod puede tener su origen, además, en estos otros proce sos: – Cierre de la vocal
vĪ-ne-a > vi-niA > viña.
e:
– Vocalización de oclusivas sordas en posición implosiva:
nocte > noite > noche.
– Síncopa consonántica: – Metátesis:
carraria > carraira > carrera.
sartagine > sartaine > sartén.
II. Ejercicios
1. Explica la distinta evolución de las siguientes palabras con dip tongo
au latino:
mauru > moro augustu > agosto
2. Enumera brevemente las consecuencias principales del paso del acento tonal del latín al acento de intensidad del español.
3. Explica el cambio de posición del acento en el paso del latín al romance en estas voces:
integru > entero tenebras > tinieblas
4. ¿Cómo se explica que en el presente de indicativo de verbos como mover o perder unas personas presenten diptongo y otras no?
5. ¿Por qué no ha diptongado la
nerviu > nervio mediu > medio lectu > lecho pectu > pecho
E abierta latina en los siguientes ca sos?
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6. Pon varios ejemplos de evolución
E > /ie/ > /i/.
7. De las vocales átonas latinas, ¿cuáles fueron más proclives a la pér-
dida, las que estaban en sílaba inicial, interior o nal? ¿Por qué?
8. Explica la evoluciOn de la palabra buey <
bove.
9. ¿Qué consonantes quedan en posición nal tras la apócope “nor mal”?
Pon dos ejemplos de cada una.
EL CONSONANTISMO
I. Material adicional
1. Sistema consonántico del latín
El sistema consonántico del latín hasta el siglo I a.C. era más sencillo que el del español actual y mucho más que el del castellano medieval, pues carecía de fonemas palatales y africados:
Consonantes Labiales Dentoalveolares Velares
Oclusivas sordas /p/ /t/ /k/ Oclusivas sonoras /b/ /d/ /g/ Fricativas sordas /f/ /s/ /h/ Nasales /m/ /n/ Laterales /l/ Vibrantes /r/
La mayoría de las consonantes intervocálicas podían ser geminadas, y se discute si hay que entenderlas como una única consonante larga o como la sucesión de dos consonantes iguales. Algo parecido ocurre con [k (escrito
qu) y [g
w
] (gu en la escritura), que unos consideran fonemas y otros,
w
la sucesión de un fonema velar más la realización semiconsonántica de /u/, interpretación que parece venir apoyada por su evolución en italiano (redupli­cación: acqua) o en catalán (vocalización del elemento implosivo: aigua).
Algunos cambios en el periodo tardío son comunes a todas las lenguas románicas, como la consonantización de [w] > /ß/ (escrita v) y [j] > /y/ (escrita normalmente y) o la formación de un orden palatal, mientras que otros se circunscriben a unas determinadas áreas, como los que integran la llamada “lenición”, proceso de debilitamiento de las consonantes que sólo afecta a la Romanía occidental.
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]
Consonantización de [j] y [w]
Las semiconsonantes [j] y [w] eran en su origen variantes en posición no nuclear de /i/ y /u/, pero ambas se convirtieron en verdaderos fonemas y se hicieron plenamente consonánticos. La velar se reforzó hasta pronunciarse como fricativa bilabial [ß], conuyendo con la realización intervocálica de /b/, que probablemente se había hecho fricativa ya en el siglo I d.C. Esto explica las frecuentes confusiones grácas entre b y V, tanto en el latín tardío como en romance, pero siempre en posición intervocálica, pues en inicial de palabra se mantuvo la distinción fonética: b -[b] y V- [ß].
En cuanto a [j] inicial de palabra, reforzó su articulación en latín tardío, convirtiéndose en una consonante palatal sonora fuertemente fricativa o, incluso, africada.
Palatalizaciones de consonante + yod
La yod procedente de la conversión de los hiatos en diptongos (fĪ-li-u >
fĪ-liu > hijo), a veces con cierre de la vocal e (vĪ-ne-a > vi-nia > viña),
comenzó a inuir en la articulación de la consonante que la precedía, y por un proceso de asimilación dio lugar a asibilaciones y palatalizaciones. La yod se fundió en muchas ocasiones con la consonante anterior, derivando en un único fonema, pero también pudo inuir en la consonante sin ser absorbida por ésta.
Estos primeros resultados palatales en el latín tardío de consonante + yod conuyeron con los resultados de otras secuencias de sonidos, y todos sufrieron posteriores evoluciones en el castellano medieval e, incluso, en el renacentista en el grupo de las llamadas “sibilantes”.
2. Cambios en el paso del castellano medieval al moderno
Confusión de /b/ y /ß/
Como se ha indicado ya, en el castellano medieval la oposiciуn entre estos dos fonemas se daba de la siguiente forma: /b/, escrito b, procedente de b- y -P-/ß/> escrito u, v, procedente de V-, -b- y -V-
Esta oposición dejó pronto de ser operativa en posición inicial absoluta o tras nasal. A lo largo del siglo XV la confusión se generalizó a la posición intervocálica y se llegó a la situación actual de un único fonema /b/ con dos alófonos según el contexto: [b] oclusivo en posición inicial absoluta o tras nasal y [ß] fricativo en posición interior. La escritura de los siglos XV–XVII da claras muestras de tal confusión, aunque los más cuidadosos consiguieran respetar las grafías medievales.
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En el siglo XVIII, la ortografía propuesta por la Real Academia Española se hizo más etimológica y repuso en la mayoría de los casos el reparto latino de las grafías b y v, sin fundamento fonético desde varios siglos antes.
La misma coalescencia de oclusiva y fricativa que se dio en el orden bilabial se produjo en los órdenes dental y velar, y con un reparto de alófonos coincidente en buena medida con el de /b/, de manera que el fonema /d/ se realizaba oclusivo [d] en posición inicial, tras /n/ o /l/, y fricativo [ð] entre vocales; por su parte, /g/ se articulaba oclusivo [g] en posición inicial o tras /n/, y fricativo [γ] entre vocales. Pero, a diferencia de /b/ y /ß/, a los que correspondían diferentes grafías, la antigua pareja de fonemas dentales se representaban mediante un único signo, d, y los dos velares mediante g, por lo que su desfonologización no fue causa de confusiones grácas.
/f/ y /h/
Durante la Edad Media la grafía f- representaba un sonido labial (bilabial o labiodental) ante [w], /r/ y /l/, mientras que ante vocal se articulaba [h] o incluso ø en el norte castellano, pero no en el sur peninsular.
Esta distribución de alófonos entró en quiebra cuando la progresiva incorporación de latinismos y galicismos hizo que pasaran al castellano muchas voces con [f] ante vocal (n, gura, fortuna...). Como consecuencia, los dos alófonos entraron en oposición y se fonologizaron (/f/-/h/), jando una determinada pronunciación para cada palabra con f- en su étimo y permitiendo la denitiva diferenciación y lexicalización de fondo y hondo o de forma y horma. Aun así, la distinción fonológica no se reejó en la escritura hasta comienzos o mediados del siglo XVI.
La aspiración, que desde antiguo tenía como variante el cero fonético en el castellano del centro y del norte, acabó perdiéndose, mientras que en Extremadura y Andalucía se conservó y todavía hoy muchos hablantes la mantienen, al menos en determinadas palabras, como harto, realizada [harto] y no [arto]. La aspiración, además, vino a confundirse con el resultado de la velarización de la sibilante prepalatal.
Las sibilantes
Las tres parejas de sibilantes del castellano medieval sufrieron importantes cambios, y su diferente evolución geográca es el rasgo más característico de la división del español en dos grandes normas: la del centro y norte peninsular, variedad castellana que fue la seleccionada como base para el español estándar, y la del español meridional, llevado después a Canarias y a América.
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– El castellano Se pueden señalar tres fenómenos en la evolución de las sibilantes del
castellano medieval al español moderno.
Por una parte, se produjo la desafricación de las africadas, que se hicieron fricativas, con lo que /ts/ > /ş/ y /dz/ > /z/. En segundo lugar, se perdió la oposición de sonoridad a favor de las consonantes sordas, ensordecimiento que parece bastante anterior en el par /s/ – /z/ y que se extendió más tarde a las otras parejas. Es verdad que muchos gramáticos de la época deenden la distinción de sonoridad incluso en el siglo XVII y que hay autores que la mantienen sin error en la escritura, pero estos testimonios contrastan con las innumerables muestras de confusión de la do cumentación notarial desde comienzos del siglo XVI. Al margen de que los hablantes más cultos pudieran conservar la oposición, lo cierto es que a mediados del siglo XVI la indistinción debía de estar generalizada.
Por último, una vez reducido el sistema al dental /ş/, al apicoalveolar /s/ y al prepalatal /∫/, el dental y el prepalatal cambiaron su lugar de articulación para acentuar la diferenciación entre /ş/ y /s/ por un lado, de timbre acústico muy cercano, y /s/ y /∫/ por otro, evitando así posibles confusiones (atestiguadas, por otra parte, desde antiguo). Para ello, el fonema dental se adelantó, convirtiéndose en el interdental /θ/, y el prepalatal se retrasó, transformándose en el velar /x/. Este proceso, característico del castellano frente a otras lenguas románicas occidentales, parece concluido a mediados del siglo XVII, tras un periodo de inestabilidad y vacilación, y el sistema resultante se mantiene desde entonces en el centro y norte peninsular.
– El español meridional
Frente al castellano del norte y centro peninsular, en el sur la evolución fue distinta a partir de la desafricación y el ensordecimiento de las sibilantes. Al perder las dentales su carácter africado, se asemejaron mucho a las alveolares, pero en el sur, en lugar de modicar el lugar de articulación de la dental, se llegó a la coalescencia de los dos fonemas a favor de los dentales /ş/ y /z/, confusión que parece iniciada en Sevilla, desde donde se fue irradiando al resto de Andalucía. Ambos fonemas dentales conuyeron en /ş/ al ensordecer el miembro sonoro, con lo que este fonema recogió los resultados de los cuatro fonemas del castellano medieval (es el llamado çeçeo).
Desde un principio, en Andalucía este fonema sordo tuvo dos realizaciones posibles: una fricativa plana, de sonido acústico cercano pero no idéntico a la interdental del castellano norteño (ceceo) y una fricativa acanalada de carácter dental o predorsal (seseo). Por consiguiente, el seseo y
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el ceceo no son el resultado tardío de la supresión de uno de los dos fonemas triunfantes en el norte, es decir, de /s/ o /θ/, sino una confusión derivada de la antigua conuencia de los cuatro fonemas medievales en /ş/, fonema del que proceden los dos fenуmenos caracterнsticos de las hablas meridionales y cuyas respectivas realizaciones no se corresponden con la apicoalveolar y la interdental castellanas.
En cuanto al reparto geográco de estas dos pronunciaciones, la seseante, considerada como prestigiosa, se da en la ciudad de Sevilla, en gran parte de la Andalucía septentrional y central, en Canarias y en América (v. 14.3.4.1), mientras que el ceceo se extiende por la zona sur, incluyendo Málaga y Granada, y de forma aislada por puntos de América.
Por lo que concierne a las prepalatales /∫/ y /ŷ/, se ven afectadas por el ensordecimiento general de las sibilantes, que provoca su conuencia en /∫/, y por el posterior desplazamiento de ésta hacia atrás, pero en lugar de quedarse en una articulación velar /x/ como en el castellano, en el sur se retrasa todavía más y se convierte en una aspirada /h/, que, a su vez, se confunde con la /h/ procedente de f- latina, conservada en la zona meridional, de manera que palabras como cojo o gente se realizan [kóho], [hénte].
Yeísmo
En el siglo XVI empiezan a ser frecuentes los trueques entre las grafías y y ll, trueques que reejan la confusión entre la palatal lateral /λ/ y la mediopalatal fricativa /j/ a favor de esta última. Esta indistinción se generalizó con especial rapidez en las hablas meridionales, pues los escritos americanos del mismo siglo XVI ya la reejan, pero igualmente se documenta desde antiguo en el resto de la geografía española, aunque su generalización parece posterior. Se puede armar que en la actualidad todo el mundo hispanohablante es yeísta, lo que no quita para que sigan existiendo reductos distinguidores en el ámbito rural, incluso en Andalucía, y que también se mantenga en las áreas de antiguos dialectos distinguidores, como el aragonés. No obstante la coincidencia en la supresión de la lateral, la realización fonética yeísta diere considerablemente de unas zonas a otras.
Otros fenómenos fonéticos
Existen otros muchos fenómenos fonéticos que, por su rápida extensión y generalización en la mitad meridional española, se consideran característicos de esta zona, aunque en realidad se documentan desde antiguo hasta el presente en muy diferentes áreas de la geografía peninsular. De hecho, todos estos fenómenos son manifestaciones de la tendencia general del español
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desde sus orígenes al debilitamiento de las consonantes, tanto en contexto intervocálico como, sobre todo, en posición implosiva, especialmente en nal de palabra. Esta relajación presenta diferentes grados en cada caso, dependiendo de la antigüedad del proceso, la geografía, el nivel sociocultural del hablante o el registro, y se traducen en aspiraciones, sonorizaciones, fricatizaciones, asimilaciones e, incluso, pérdidas.
Los principales fenómenos son: – Aspiración y a veces pérdida de /-s/. – Debilitamiento y sonorización de /-p/, /-t/ y /-k/. – Debilitamiento o pérdida de /-b/, /-d/ y /-g/, especialmente de la dental. – Debilitamiento y pérdida de /-d-/, especialmente en los participios en
-ado y, en menor medida, en -ido. – Neutralización, asimilación e incluso pérdida de /-r/ y /-l/.
II. Ejercicios
1. ¿En qué consiste el proceso de lenición? ¿Qué cambios fonéticos
engloba? Pon un ejemplo de cada uno.
2. Subraya el étimo correcto para estas formas medievales:
copa <
capit, cabit; capa < cappa, capa; deve < dĒpet, dĒbet.
cupa, cuppa; cuba < cŪpa, cŪba; cava < capat, cavat; cabe <
3. ¿Qué razones se aducen para explicar la conservación de f en las
palabras frente, fuente y fe?
4. Con ayuda de un diccionario, di en cuáles de estas palabras la h- inicial
es etimológica y en cuáles procede de la aspiración de f- latina:
hacer haber hábil hoja honor hora hilo horno
5. ¿Cuáles son los resultados en español de estas palabras latinas?
facere > ipse > traxĪ > vicĪnu > mensa > taxu > martiu > oculu > cantĀsset > muliere >
6. ¿Con qué grafías se representaban las sibilantes medievales? – alveolar sorda: – alveolar sonora: – dental sorda: – dental sonora: – prepalatal sorda: – prepalatal sonora:
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