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Хрестоматия по латиноамериканской литературе = Breviario hispanoamericano de letras. Учебное пособие

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☆
imperiales de Horacio1 y de Virgilio2 el "retorno a la naturaleza", arma de los revolucionarios del siglo XVIII, esboza todo el programa "siglo XIX" del engrandecimiento material, con la cultura como ejercicio y corona. Y no es a quel patriarca, creador de la civilización, el único que se enciende en espíritu de iniciación y profecía: la hoguera anunciadora salta, como la de Agamenón en el campo de victoria de Olmedo
3
, de cumb re en cum bre, y ar de
4
, en los gritos insurrectos de Heredia, en las novelas y las campañas humanitarias y democráticas de Fernández de Lizardi en los diálogos gauchescos de Bartolomé Hidalgo
3 A los pocos años surge otra nueva generación, olvidadiza y
5
, hasta en los cielitos y
6
.
descontenta. En Europa, oíamos decir, o en persona lo veíamos, el romanticismo despertaba las voces de los pueblos. Nos parecieron absurdos nuestros padres al cantar en odas clásicas la romántica aventura de nuestra independencia. El romanticismo nos abriría el camino de la verdad, nos enseñaría a completarnos. Así lo pensaba Esteban Echeverría
7
, escaso artista, salvo en uno que otro paisaje de líneas rectas y masas escuetas, pero claro teorizante. "El espíritu del siglo-decía-lleva hoy a las naciones a emanciparse, a gozar de independencia, no sólo política, sino filosófica y literaria". Y entre los jóvenes a quienes arrastró consigo, en aquella generación argentina que fue voz continental, se hablaba siempre de ''ciudadanía en arte como en política" y de "literatura que llevara los colores nacionales".
4 Nuestra literatura absorbió ávidamente agua de todos los ríos
nativos: la naturaleza; la vida del campo, sedentaria y
1
Poeta latino (65-8 a. n. e.).
2
Poeta latino (80-19 a. n. e.).
3
El legendario rey de Micenas y Argos, líder de las trop as que invaden
Troya.
4
Victoria sobre Enrique IV de Castilla (19 de agosto de 1467) en apoyo
a Isabel la Católica.
5
José Joaquín Fernández de Lizardi, escritor mexicano (1776-1827).
6
Poeta uruguayo (1788-1822).
7
Escritor argentino (1805-1851).
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nómada; la tradición indígena; los recuerdos de la época colonial; las hazañas de los libertadores; la agitación política del momento... La inundación romántica duró mucho, demasiado; como bajo pretexto de inspiración y espontaneidad protegió la pereza, ahogó muchos gérmenes que esperaba nutrir... Cuando las aguas comenzaron a bajar, no a los cuarenta días bíblicos, sino a los cuarenta años, dejaron tras sí tremendos herbazales, raros arbustos y dos copudos árboles, resistentes como ombúes: el Facundo
Martín Fierro
5 El descontento provoca al fin la insurrección necesaria: la
2
.
1
y el
generación que escandalizó al vulgo bajo el modesto nombre de modernista se alza contra la pereza romántica y se impone severas y delicadas disciplinas. Toma sus ejemplos en Europa, pero piensa en América. "Es como una familia (decía uno de ella, el fascinador, el deslumbrante Martí
3
). Principió por el rebusco imitado y está en la elegancia suelta y concisa y en la expresión artística y sincera, breve y tallada, del sentimiento personal y del juicio criollo y directo." ¡El juicio criollo! O bien: "A esa literatura se ha de ir: a l a que ensancha y revela, a la que saca de la corteza ensangrentada el almendro sano y jugoso, a la que robustece y levanta el corazón de América." Rubén Darío
4
, si en las palabras
liminares de Prosas profanas detestaba "la vida y el tiempo e n que le tocó nacer", paralelamente fundaba la Revista de
América
convertía en el autor del yambo contra Roosevelt
5
, cuyo nombre es programa, y con el tiempo se
6
, del Canto
1
Facundo. Civilización y barbarie (1845), novela del argentino
Domingo Faustino Sarmiento.
2
Poema del argentino José Hernández en dos partes (1872 y 1879)
3
José Martí, político y escritor cubano (1853-1895).
4
Poeta nicaragüense (1867-1916)
5
Revista publicada por Rubén Darío y Ricardo Jaimes Freyre en
Buenos Aires en 1894.
6
Theodore Roosevelt, estadista norteamericano, vicepresidente y
presidente de los Estados Unidos de Am ér ica (1858-1919).
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a la Argentina y del Viaje a Nicaragua. Y Rodó1, el comentador entusiasta de Prosas profanas, es quien luego declara, estudiando a Montalvo
2
, que "sólo han sido grandes en América aquellos que han desenvuelto por la palabra o por la acción un sentimiento americano". Ahora, treinta años después hay de nuevo en la América española juventudes inquietas, que se irritan contra sus mayores y ofrecen trabajar seriamente en busca de nuestra expresión genuina.
[...]
6 Existe otro americanismo, que evita al indígena, y evita el
criollismo pintoresco, y evita el puente intermedio de la era colonial, lugar de cita para muchos antes y después de Ricardo Palma
3
: su precepto único es ceñirse siempre al Nuevo Mundo en los temas, así en la poesía como en la novela y el drama, así en la crítica como en la historia. Y para mí, dentro de esa fórmula sencilla como dentro de las anteriores, hemos alcanzado, en momentos felices, la expresión vívida que perseguimos. En momentos felices, recordémoslo. EL PROBLEMA DEL IDIOMA
[...]
7 En todas las artes se plantea el problema. Pero en literatura
es doblemente complejo. El músico podría, en rigor sumo, si cree encontrar en eso la garantía de originalidad, renunciar al lenguaje tonal de Europa: al hijo de pueblos donde subsiste el indio-como en e l Perú y Bolivia-se le ofrece el arcaico pero inmarcesible sistema nativo, que ya desde su escala pentatónica se aparta del europeo. Y el hombre de países donde prevalece el espíritu criollo es dueño de preciosos materiales, aunque no estrictamente autóctonos: música traída de Europa o de África, pero impregnadas del sabor de las nuevas tierras y de la nueva vida, que se filtra en el ritmo y el dibujo melódico.
[...]
1
José Enrique Rodó, escritor uruguayo (1872-1917).
2
Juan Montalvo, escritor ecuatoriano (1833-1889).
3
Escritor peruano (1833-1919).
83
8 De todos modos, en música y en artes plásticas es clara la
partición de caminos: o el europeo, o el indígena, o en todo caso el camino criollo indeciso todavía y trabajoso. El indígena representa quizás empobrecimiento y limitación, y para muchos, a cuyas ciudades nunca llega el antiguo señor del terruño, resulta camino exótico: paradoja típicamente nuestra. Pero, extraños o familiares, lejanos o cercanos, el lenguaje tonal y el lenguaje plástico de abolengo indígena son inteligibles. [...]
EL AFÁN EUROPEIZANTE
9 Volvamos ahora la mirada hacia los europeizantes, hacia los
que, descontentos de todo americanismo con aspiraciones de sabor autóctono, descontentos hasta de nuestra naturaleza, nos prometen la salud espiritual si mantenemos recio y firme el lazo que nos ata a la cultura europea. Creen que nuestra función no será crear, comenzando desde los principios, yendo a la raíz de las cosas, sino continuar, proseguir, desarrollar sin romper tradiciones ni enlaces.
10 Y conocemos los ejemplos que invocarían, los ejemplos
mismos que nos sirvieron para rastrear el origen de nuestra rebelión nacionalista: Roma, a Edad Media, el Renacimiento,
la hegemonía francesa del siglo XVIII.... Detengámonos
nuevamente ante ellos. ¿No tendrán razón los arquetipos clásicos contra la libertad romántica de que usamos y abusamos? ¿No estará el secreto único de la perfección en atenernos a la línea ideal, que sigue desde sus remotos orígenes la cultura de Occidente? Al criollista que se defienda
-acaso la única vez en su vida- con el ejemplo de Grecia, será fácil demostrarle que el milagro griego, si más solitario, más original que las creaciones de sus sucesores, recogía vetustas herencias: ni los griegos vienen de la nada; Grecia, madre de tantas invenciones, aprovechó el trabajo ajeno, retocando y perfeccionando, pero, en su opinión, tratando de acercarse a los cánones, a los paradigmas que otros pueblos, antecesores suyos o contemporáneos, buscaron con intuición confusa.
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11 Todo aislamiento es ilusorio. La historia de la organización
espiritual de nuestra América, después de la emancipación política, nos dirá que nuestros propios orientadores fueron, en momento oportuno, europeizantes: Andrés Bello, que desde Londres lanzó la declaración de nuestra independencia literaria, fue motejado de europeizante por los proscriptos argentinos veinte años después, cuando organizaba la cultura chilena; y los más violentos censores de Bello, de regreso en su patria, habían de emprender en su turno tareas de europeización, para que ahora se lo afeen los devotos del criollismo puro.
12 Apresurémonos a conceder a los europeizantes todo lo que
les pertenece, pero nada más, y a la vez tranquilicemos al criollista. No sólo sería ilusorio el aislamiento -la red de las comunicaciones lo impide-, sino que tenemos derecho a tomar de Europa todo lo que nos plazca: tenemos derecho a todos los beneficios de la cultura occidental. Y en literatura ­ciñéndonos a nuestro problema- recordemos que Europa estará presente, cuando menos, en el arrastre histórico del idioma.
13 Aceptemos francamente como inevitable, la situación
compleja: al expresarnos habrá en nosotros, junto a la porción sola, nuestra, hija de nuestra vida, a veces con herencia indígena, otra porción substancial, aunque sólo fuere el marco, que recibimos de España. Voy más lejos: no sólo escribimos el idioma de Castilla, sino que pertenecemos a la Romania, la familia románica que constituye todavía una comunidad, una unidad de cultura, descendiente de la que Roma organizó bajo su potestad; pertenecemos-según la repetida frase de Sarmiento
14 Literariamente, desde que adquieren plenitud de vida las
1
- al Imperio Romano.
lenguas romances, a la Romania nunca le ha faltado centro, sucesor de la Ciudad Eterna: del siglo XI al XIV fue Francia, con oscilaciones iniciales entre Norte y Sur; con el Renacimiento se desplaza a Italia; luego, durante breve
1
Domingo Faustino Sarmiento, escritor y político argentino (1811-
1888).
85
tiempo, tiende a situarse en España; desde Luis XIV vuelve a Francia. Muchas veces la Romania ha extendido su influjo a zonas extranjeras, y sabemos cómo París gobernaba a Europa, y de paso a las dos Américas, en el siglo XVIII, pero desde los comienzos del siglo XIX se definen, en abierta y perdurable oposición, zonas rivales: la germánica, suscitadora de la rebeldía; la inglesa, que abarca a Inglaterra con su imperio colonial, ahora en disolución, y a los Estados Unidos; la eslava . . . Hasta políticamente hemos nacido y crecido en la Romania. Antonio Caso
1
señala con eficaz precisión los tres acontecimientos de Europa cuya influencia es decisiva sobre nuestros pueblos: el Descubrimiento, que es acontecimiento español; el Renacimiento, italiano; la Revolución, francés. El Renacimiento da forma en España sólo a medias-a la cultura que iba a ser trasplantada a nuestro mundo; la Revolución es el antecedente de nuestras guerras de independencia. Los tres acontecimientos son de pueblos románicos. No tenemos relación directa con la Reforma, ni con la evolución constitucional de Inglaterra, y hasta la independencia y la Constitución de los Estados Unidos alcanzan prestigio entre nosotros merced a la propaganda que de ellas hizo Francia
LA ENERGIA NATIVA
15 Concedido todo eso, que es todo lo que en buen derecho ha
de reclamar el europeizante, tranquilicemos al criollo fiel recordándole que en la existencia de la Romania como unidad, como entidad colectiva de cultura, y la existencia del centro orientador, no son estorbos definitivos para ninguna originalidad, porque aquella comunidad tradicional afecta sólo a las formas de la cultura, mientras que el carácter original de los pueblos viene de su fondo espiritual, de su energía nativa.
Obra crítica, Pedro Henríquez Ureña. México: Fondo de Cultura Económica, 1960.
1
Filósofo mexicano (1883-1946).
86
ALFONSO REYES (1889-1959)
Capricho de América
1 La imaginación, la loca de la casa, vale tanto como la historia
para la interpretación de los hechos humanos. Todo está en saberla interrogar y en tratarla con delicadeza. El mito es un testimonio fehaciente sobre alguna operación divina. La
Odisea
frecuente los pasos del Mediterráneo. Dante
1
puede servir de carta náutica al que, entendiéndola,
2
, enamorado de
las estrellas,
... Le divine fiammelle dànno per gli occhi una dolcezza al core che intender non la puà chi non la prova
2 acaba por adelantarse al descubrimiento de la Cruz del Sur
3
,
4
Y asimismo, entre la más antigua literatura, los relatos novelescos de los egipcios (y quién sabe si también entre las memorias de la desaparecida y misteriosa era de Aknatón
5
), encontramos ya que la fantasía se imanta hacia el Occidente, presintiendo la existencia de una tierra ignota americana. A través de los griegos, Europa hereda esta inclinación de la mente, y ya en el Renacimiento podemos decir que América, antes de ser encontrada por los navegantes, ha sido inventada por los humanistas y los poetas. La imaginación, la loca de la casa, había andado haciendo de las suyas.
3 Préstenos la imaginación su caballo con alas y recorramos la
historia del mundo en tres minutos. La masa solar, plástica y blanda —más aún: vaporosa—, solicitada un día por la vecindad de algún otro cuerpo celeste que la atrae, levanta
.
1
Poema épico griego atribuido a Homero (S. IX a. n. e.)
2
Dante Alighieri, poeta italiano (1265-1321)
3
Las llamas divinas iluminan los ojos con una bondad de corazón que
no se puede ni entender ni constatar.
4
Constelación del hemisferio austral que sirve de orientación hacia el
Polo Sur.
5
Amenofis IV, rey de Egipto (1372-1354 a. n. e.) que instauró el culto
de Atón, dios supremo y único.
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una inmensa cresta de marea. Aquella cresta se rompe en los espacios. Los fragmentos son los planetas y nuestra Tierra es uno de ellos. Desde ese remoto día, los planetas giran en torno a su primitivo centro como verdaderas ánimas en pena. Porque aquel arrancamiento con que ha comenzado su aventura es el pecado original de los planetas, y si ellos pudieran se refundirían otra vez en la unidad solar de que sólo son como destrozos.
4 La Tierra, entregada pues a sí misma, va equilibrando com o
puede sus partes de mar y suelo firme. Pero aquella corteza de suelo firme se desgarra un día por las líneas de menor resistencia, ante las contracciones y encogimientos de su propia condensación. Y aquí —nueva ruptura y destrozo, segundo pecado—- comienzan a alejarse unos de otros los continentes flotantes, según cierta fatalidad geométrica. Uno de los resultados de este destrozo es nuestra América.
5 Imaginemos todavía. Soñemos, para mejor entender la
realidad. Soñemos que un día nuestra América constituyó, a su vez, una grande comunidad humana, cuyas vinculaciones salvaran mágicamente la inmensidad de los territorios, las murallas de montañas, la cerrazón de los bosques impracticables. A la hora en que los primeros europeos se asoman a nuestro Continente, esta unidad se ha roto ya. Quetzalcóatl
1
, el civilizador de México, ha huido hacia el Sur, precisamente empujado por las tribus sanguinarias que venían del Norte, y ha dejado allá por Guatemala la impronta de sus plantas, haciéndose llamar Cuculcán
2
. Semejante fenómeno de disgregación se ha repetido en todos los focos del Nuevo Mundo. Acaso hay ya pueblos des-civilizados, recaídos en la barbarie a consecuencia de la incomunicación, del nuevo destrozo o tercer pecado. Los grandes imperios americanos no son ya centros de cohesión, sino residencias de un poder militar que sólo mantiene la unión por la fuerza.
1
“Serpiente Emplumada” en náhuatl, divinidad común entre los
pueblos precolombinos de Mesoamérica.
2
Kukulcán, deidad de la mitología maya semejante a la “Serpiente
Emplumada”.
88
6 Todavía la historia hace un nuevo intento de reunificación,
atando, ya que no a una sola, a dos fuertes razas europeas toda esta pedacería de naciones americanas. Sajones e iberos se dividen el Continente. Pero como todo aspira a bastarse a sí mismo, las dos grandes familias americanas que de aquí resultan se emancipan un día. El proceso de fecundación europea sólo ha servido, como un recurso lateral, para nutrirlas artificialmente, para devolverles la conciencia de su ser continental, para restaurar entre ellas otra vez el sueño de una organización coherente y armónica.
7 Y, en efecto, cuando los padres de las independencias
americanas se alzan contra las metrópolis europeas, bien puede decirse que se sienten animados de un espíritu continental. En sus proclamas de guerra se dirigen siempre a "los americanos", de un modo general y sin distinción de pueblos, y cada uno de ellos se i ma gina que lucha por todo el Continente. Naturalmente, este fenómeno sólo es apreciable en los países hispanoamericanos, únicos para los cuales tiene sentido. Luminosa imagen del planeta que ronda en torno a su sol, Bolívar América
1
2
sueña entonces en la aparición de la Grande
. Pero el tiempo no está maduro, y la independencia
procede por vías de fraccionamientos nacionales.
8 En las distintas etapas recorridas, asistimos, pues, a un juego
cósmico de rompecabezas. Los tijeretazos de algún demiurgo caprichoso han venido tajando en fragmentos la primitiva unidad, y uno de los fragmentos en partes, y una de las partes en pedazos, y uno de los pedazos en trozos. Y la i maginación —cuyo consejo hemos convenido en seguir para ver a dónde nos lleva— nos está diciendo en voz baja que, aunque esa unidad primitiva nunca haya existido, el hombre ha soñado siempre con ella, y la ha situado unas veces como fuerza impulsora y otras como fuerza tractora de la historia: si como fuerza impulsora, en el pasado, y entonces se llama la Edad
1
Simón Bolívar, el Libertador, héro e venezo la no de la ind epe nde nc ia
americana (1783-1830).
2
Proyecto político para unific ar todos los países de habla castellana en
el continente.
89
de Oro1; si como fuerza tractora, en el porvenir, y entonces se llama la Tierra Prometida
2
. De tiempo en tiempo, los filósofos se divierten en esbozar los contornos de la apetecida ciudad perfecta, y estos esbozos se llaman Utopías, de que los Códigos Constitucionales (si me permitís una observación de actualidad) no son más que la última manifestación.
9 Así pues —y aquí volvemos a la realidad profunda de los mitos
con que he comenzado estas palabras—, hay que concebir la esperanza humana en figura de la antigua fábula de Osiris
3
nuestra esperanza está destrozada, y anda poco a poco juntando sus disjecti membra
4
para reconstruirse algún día. Soñamos, como si nos acordáramos de ella (Edad de Oro a la vez que Tierra Prometida), en una América coherente, armoniosa, donde cada uno de los fragmentos, triángulos y trapecios encaje, sin frotamiento ni violencia, en el hueco de los demás. Como en el juego de dados de los niños, cuando cada dado esté en su sitio tendremos la verdadera imagen de América.
10 Pero — ¡Platón
5
nos asista! — ¿existe en algún repliegue de la realidad esta verdadera imagen de América? ¡ Oh, sí : existe en nuestros corazones, y para ella estamos viviendo! Y he aquí cómo llegamos a la Idea de América, idea que tiene de paradójico el que casi se la puede ver con los ojos, como aquella UrPflanze
6
o planta de las plantas (verdadero
:
1
Término del poeta griego Hesíodo (S. VIII a. n. e.) para nombrar una etapa inicial del hombre, pura e inmortal, en la que éste vive en un estado ideal (Utopía).
2
La región que, según la Biblia hebrea, le fue prometida por Dios a Abraham y sus descendientes.
3
Dios del antiguo Egipto, esposo de Isis y padre de Horus, la divinidad que asegura la supervivencia después de la muerte.
4
Partes desunidas.
5
Filósofo griego (427-348/347 a. n. e.).
6
La “flor azul” del Romanticismo alemán (Novalis) que Goethe considerara la flor original y que buscara en Italia.
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