Asíndeton
Recurso estilístico contrario al polisíndeton que consiste en omitir las conjunciones para dar mayor fluidez, dinamismo, apasionamiento o empaque a la frase.
Lágrimas allí no valen, arrepentimientos allí no aprovechan, oraciones allí no se oyen, promesas para adelante allí no se admiten, tiempo de penitencia allí no se da, porque acabado el postrer punto de la vida ya no hay más tiempo de penitencia… Fray Luis de Granada.
Acude, acorre, vuela traspasa la alta sierra, ocupa el llano no perdones la espuela no des paz a la mano menea fulminando el hierro insano… Fray Luis de León.
Pasó, pasé; miró, miré; vio, vila; dio muestras de querer, hice otro tanto; guiñó, guiñé; tosió, tosí; seguila; fuese a su casa y, sin quitarse el manto, alzó, llegué, toqué, besé, cubrila, deje el dinero y fuime como un santo. Atribuido a Quevedo.
La acumulación de sintagmas sin nexos ejerce un poderoso efecto de desconcierto en el ánimo de lector, lo que supo utilizar muy bien San Juan de la Cruz, que con frecuencia empleó este recurso. Luis de Góngora lo utilizó más ocasionalmente, en este ejemplo por caso, y en otros mezclándolo con su particular sentido del hipérbaton:
Descaminado, enfermo, peregrino, en tenebrosa noche, con pie incierto, la confusión pisando del desierto, voces en vano dio, pasos sin tino.
Anáfora
Del griego anaphora, ‘repetición’, figura retórica consistente en una repetición de palabras al principio del verso o frase en la prosa, bien de forma continua bien de forma discontinua. Por ej. "Erase un hombre a una nariz pegado, / érase una nariz superlativa…".
Hora de ocaso y de discreto beso; hora crepuscular y de retiro; hora de madrigal y de embeleso… Rubén Darío.
En la prosa es una forma de insistencia machacona que ha sido muy explotada por los autores clásicos de sermones religiosos, como el más que hábil Fray Luis de Granada; apercíbase como persuade utilizando al mismo tiempo la reiteración y la pregunta retórica, consiguiendo con lo segundo la ilusión de que el oyente reflexiona sobre lo mismo:
Y nadie podrá negarme que donde concurre una multitud de pretendientes concurre una copiosa turba de hipócritas. ¿Qué es un pretendiente, sino un hombre que está pensando siempre en figurarse a los demás hombres distinto de lo que es? ¿Qué es sino un farsante, dispuesto a representar en todo tiempo el personaje que más le convenga? ¿Qué es sino un Proteo, que muda de apariencias según le persuaden las oportunidades? ¿Qué es sino un camaleón que alterna los colores como alternan los aires? ¿Qué es sino un ostentador de virtudes y encubridor de vicios? ¿Qué es sino un hombre que está pensando siempre en engañar a otros hombres? Es verdad que son muchos los que le pagan en la misma moneda; esto es, aquellos mismos que busca como arquitectos de su fortuna. Él miente virtudes y a él le mienten favores. Él va a engañar con adulaciones, y a él le engañan con esperanzas.
A lo contrario se le denomina epífora.
Anadiplosis
Consiste en la repetición de una o varias palabras del final de un verso al comienzo del verso siguiente:
Oye, no temas, y a mi ninfa dile, dile que muero. Esteban Manuel de Villegas
Abre, que viene el aire de tu palabra… ¡Abre! Abre, Amor, que ya entra… ¡Ay! Miguel Hernández.
Mi sien, florido balcón de mis edades tempranas, negra está, y mi corazón, y mi corazón con canas. Miguel Hernández.
Yo escucho cantos de viejas cadencias que los niños cantan cuando en corro juegan (...) y dicen tristezas, tristezas de amores de antiguas leyendas. Antonio Machado.
Nadie ama solamente un corazón: un corazón no sirve sin un cuerpo. J. M.ª Fonollosa, Ciudad del hombre, New York.
En el caso que solo se repita el final de la palabra se llama eco encadenado:
El Soberano Gaspar par es de la bella Elvira vira de amor más derecha, hecha de sus armas mismas. Sor Juana Inés de la Cruz.
