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Profesores sin sueldo, aulas sin computadoras

La UNAM de México y la UBA de la Argentina son dos vacas sagradas en sus países, que pocos se atreven a criticar, a pesar de que son monumentos a la ineficiencia, y una receta para el subdesarrollo. Cuando se publicó el sondeo de The Times de Londres, por ejemplo, la mayoría de los periódicos mexicanos publicó la noticia —tomada de los jubilosos boletines de prensa de la UNAM— como si la evaluación hubiera sido excelente. El titular en la primera plana del Reforma, el periódico más influyente de México, decía: “Está la UNAM entre las doscientas mejores” y “La Universidad Nacional Autónoma de México es una de las doscientas mejores del mundo y es la única institución de educación superior latinoamericana en un estudio realizado por el suplemento especializado en educación superior del diario londinense The Times”, decía el artículo. Y el rector de la UNAM, Juan Ramón de la Fuente, salió a dar entrevistas radiales como si hubiera ganado una competencia deportiva. De manera similar, cuando se dio a conocer el ranking de la Universidad de Shanghai, otro periódico mexicano, La Jornada, tituló: “La UNAM, la mejor universidad de América latina:estudio mundial”.’ El subtítulo decía que “ninguna institución de nivel superior privada figura en el ranking internacional”, omitiendo señalar que ninguna universidad privada estaba recibiendo un enorme subsidio estatal. De hecho, la pobre ubicación de la UNAM en ambos rankings —a pesar de recibir mucho más dinero del Estado que docenas de universidades de otros países que salieron mejor posicionadas— y la ausencia de otras universidades de América latina en el listado deberían haber generado un debate nacional y regional. En Francia, cuando se conoció que el estudio de la Universidad de Shanghai incluía sólo veintidós universidades francesas entre las mejores del mundo, y que la primera estaba en el lugar número 65, se armó una batahola, y motivó que la Unión Europea iniciara una investigación exhaustiva sobre cómo mejorar el nivel de sus universidades.

Según todos los estudios comparativos, los países latinoamericanos invierten menos en Educación que los de Europa y Asia. Noruega, Suecia, Dinamarca, Finlandia e Israel, por ejemplo, destinan alrededor del 7 por ciento de su producto bruto anual a la educación. Los países de la ex Europa del Este invierten alrededor del 5. Comparativamente, México destina el 4,4; Chile el 4,2; Argentina el 4; Perú el 3,3; Colombia el 2,5 y Guatemala, el 1,7. “Y no sólo gastamos menos, sino que la gastamos mal”, me dijo Juan José Llach, un ex ministro de Educación de la Argentina. Según Llach, casi la totalidad del gasto educativo de muchos países de la región se destina a pagar salarios, y ni siquiera del personal docente, sino del personal de mantenimiento y del administrativo. Según un estudio del Banco Mundial, el 90 por ciento del gasto público en las universidades de Brasil es para pagar sueldos de personal actual y jubilado, y en la Argentina la cifra es del 80 por ciento’ Como resultado, el sistema universitario latinoamericano padece de “baja calidad”, con universidades sobrepobladas. edificios deteriorados, carencia de equipos, materiales de instrucción obsoletos e insuficiente capacitación y dedicación de los profesores. El estudio señala que mientras en Gran Bretaña el 40 por ciento de los profesores universitarios tienen doctorados, en Brasil la cifra es del 30, en la Argentina y Chile del 12, en Venezuela del 6, en México del 3 y en Colombia del 2.

Increíblemente, casi el 40 por ciento de los profesores de la Universidad de Buenos Aires son ad honorem: trabajan gratis, porque la universidad más prestigiosa de la Argentina no puede pagarles un sueldo. Según el censo docente de la UBA, hay 11.003 profesores que trabajan gratis en sus trece facultades, la mayoría de ellos alumnos recién graduados que enseñan bajo la denominación de “profesores auxiliares”.