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  1. Tema de estudios: La pintura española es el patrimonio de la humanidad.

De entrada quisiera decir que la tierra de España dió a luz a muchos obras del arte; en todo el mundo se conocen los nómbres de talentísimos escritores, poetas, arquitectos, pintores, músicos españoles. Pero la pintura de España de veras es una de las páginas con más esplendor de la historia del arte español. Y en lo que se toca a la pintura española la brillante historia de ésta empieza con las obras maestras de la pintura de los tiempos del Paleolítico, que se encuentran en la famosa cueva de Altamira. Esta pintura rupestre fue descubieta en el año 1879 y representa el primer conjunto pictórico prehistórico de gran extensión conocido por el momento. El excepcional realismo de la pintura no deja de asombrar tanto a los estudiosos como a la personas comúnes y corrientes. La pintura de la Edad Media con sus dos corrientes principales, que son el románico y el gótico, también fue enmarcada por la gran influencia de la pintura española que se reflejó básicamente en las miniaturas de códices, los frescos en los muros de las iglesias asi como la pintura sobre tabla. En la época de Renacimiento crearon sus obras maestras tales celebérimos pintores como El Greco y Fransisco Pacheco. El Barroco suponiendo un momento culminante de la actividad pictórica y siendo asociado con el Siglo de Oro, en España tuvo un magnífico plantel de pintores, siendo Diego de Silva y Velázquez su máximo exponiente. También cabe destacar tales conocidos genios de la pintura española como Murillo, gran impresionista y realista, destacado por pintar la realidad del momento. Dentro de la pintura religiosa se distinguen Francisco de Zurbarán y José de Ribera. El siglo XX aportó cubismo, cuyo gran representante fue el español Pablo Ruiz Picasso, artista que más ha influenciado en la historia, uno de los mejores pintores del siglo XX. Otro renombrado pintor español del siglo XX es Salvador Dalí, que junto con Picasso fue considerado como el mejor artista del siglo XX. Dalí fue el máximo representante del surrealismo.

Hablando de la pintura española y su importantísima transcendencia no se puede prescindir de mencionar el que España alberga el famoso Triángulo del Arte o Triángulo de Oro, los vértices de este triángulo son tales museos mudialmente conocidos como el Museo Thyssen-Bornemisza, el Museo Reina Sofía y por supuesto el Museo Nacional del Prado, una de las mejores pinacotecas del mundo, que contiene lienzos y esculturas creados por los celebérimos maestros tanto españoles como europeos. Delante de la fachada principal del Museo del Prado se encuentra el monumento a Diego de Silva y Velázquez, actuamente considerado uno de los mejores pintores tanto de su época, o sea la de barroco, como de todos los tiempos. Y a la luz de la pintura española como parte del Patrimonio de la Humanidad me parece oportuno contar un poco más de este gran artista.

Diego de Silva y Velázquez nació en la andaluza ciudad de Sevilla el día 6 de junio de 1599. Fue discípulo de Fransisco Pacheco, otro gran pintor español. Francisco Pacheco ejerció gran influencia sobre Velázquez, ya no sólo pictórica, sino, en mayor grado, cultural y literaria, puesto que el maestro Pacheco era un buen hombre erudito de su época, un gran conocedor de la literatura clásica. Sus numerosos contactos e influencias fueron vitales para lograr el ascenso de Velázquez a la corte española. Merced a dichos contactos y a su destinguido y excepcional talento Velázquez muy se hizo un pintor independiente y empezó a elaborar muchos encargos religiosos y escenas de corte costumbrista. Fue en aquella época cuando el pintor desarrolló la técnica de claroscuro, su mayor logro artístico. La obra clave de esta época es El aguador de Sevilla (1620), en la que el claroscuro intencionado por el autor se muestra con una maestría excepcional. En el año 1623 Velázquez ya tuvo el honor de hacer el retrato del mismo rey de España, el retrato de Velázquez fue magistral, pues constituyó el aval que le aseguró la tan ansiada presencia indefinida en la corte real. Tras cuatro años, Felipe IV le nombra Ujier de Cámara. En los años 1628-1629 bajo la fructífera influencia de tradiciones pictóricas italianas de Tiziano y Rubens, Velázquez creó Los Borrachos o El triunfo de Baco (1628-1629), obra que marcó un cambio de rumbo en la vida artística de Velázquez. Durante este período el pintor viajó por Italia y un día se hospedó en Villa Médicis, una de las colinas romanas, desde donde tenía unas vistas maravillosas y donde pintaría sus famosas Vistas de la Villa Medicis, considerados los dos primeros ejemplos de pintura au plein air que no alcanzó su máximo desarrollo hasta el período del Impresionismo. A este período corresponde también La fragua de Vulcano otro cuadro muy famoso, perteneciente al pincel de Velázquez. En 1631, en su regreso a España, recibe el encargo de retratar al príncipe Baltasar Carlos, que había nacido durante su estancia en el extranjero. Es en esta obra donde la libertad artística del pintor se hace más patente que nunca. El color se aviva, renace y surge intenso. Otra de las obras cumbres de Velázquez es Las lanzas (o La rendición de Breda) (1635), que ahora ocupa el lugar céntrico de las riquezas de Museo del Prado. En el año 1648 Velázquez realizó su segundo viaje a Italia. Hay teorías que adjudican la famosa Venus del Espejo a esta etapa en Italia. El tema de la Venus ya había sido tratado en multitud de versiones por dos de los maestros que más influencia tuvieron en la pintura velazqueña: Tiziano y Rubens. La Venus de Velázquez aporta al género una nueva variante: la diosa se encuentra de espaldas y muestra su rostro al espectador en un espejo. Velázquez regresó a España en 1651, dos años después de su partida. Tras su regreso, Felipe IV lo nombra Aposentador Real, cargo que le quita gran cantidad de tiempo para desarrollar su labor pictórica. No obstante, es en la etapa final de su pintura cuando alcanza su máximo desarrollo y Velázquez realiza sus dos obras maestras: La familia de Felipe IV o Las Meninas y La fábula de Aracné, conocida popularmente como Las Hilanderas. Habiéndole sido concedida la Orden de Santiago, a la cual él tanto aspiraba, en 1659, murió en Madrid el 6 de agosto de 1660, tras haber padecido una larga enfermedad. Fue enterrado al día siguiente con todos los honores de la Orden de Santiago en la iglesia de San Juan Bautista.

La gran pléyade de talentísimos artistas entre los que se destaca Diego de Silva y Velázquez un genio de la luz y la oscuridad y el máximo retratista del Barroco y la existencia de un número de museos y pinacotecas de importancia mundial condicionan el hecho de que la pintura española se percibe como una parte imprescindible del Patrimonio de la Humanidad.