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17. Tema de estudio:danzas nacionales. Chachachá

El chachachá es un ritmo y un sonido que con más de cuarenta años de vida se mantiene más que saludable, lleno de vida y energía como son los cubanos de la isla de la libertad. Con un vigor que sólo puede dar el ritmo cálido y apasionado del trópico.

El chachachá como todo género realmente popular no nació de la nada. Se originó como un proceso de evolución y de experimentación de Enrique Jorrín con el danzón. Durante sus años mozos, lo único que Jorrín componía eran danzones, que al principio respetaban todos los cánones musicales propios del género pero que después, poco a poco, se iban permitiendo pequeños cambios que los acercaban cada vez más al chachachá. Una de las más importantes fue la conformación de un trío de cantantes que entonaban al unísono el tema de la composición y que le darían ese tono tan característico al nuevo género.

El nombre con el que originalmente Enrique Jorrín llamó a sus experimentos fue neodanzón. No era evidentemente un nombre muy atractivo, pero nos habla de lo que el compositor pensaba de su nueva creación. Lo que Enrique Jorrín componía, según él, no eran sino danzones que su creatividad modificaba. El nombre que todos conocemos nació con ayuda de los bailadores, cuando al inventarse el baile que se acoplaba con el ritmo, se descubrió que los pies marcaban un sonido peculiar al rozar el suelo, precisamente en tres tiempos seguidos, cha - cha - chá, y de ahí, de ese sonido, nació, por onomatopeya, el nombre que despierta en todo el mundo las ganas de mover los pies, el chachachá.

La instrumentación del chachachá originalmente fue retomada del danzón que en Cuba se toca con una agrupación musical llamada Charanga Francesa, herencia musical de las emigraciones debidas a la guerra de independencia de Haití. El chachachá comenzó a crear sus propias imágenes y mitos gracias al trabajo de múltiples compositores principalmente cubanos y mexicanos que contribuyeron a ello.

La instrumentación básica consiste, además de las sección rítmica compuesta habitualmente por la percusión, el piano y el bajo, en una sección de cuerdas que traza un colchón armónico y rítmico sobre el que una flauta teje melodías sabrosamente confeccionadas. El auge del chachachá sacó del olvido este tipo de agrupación que ya estaba perdiendo adeptos en la isla dándole un nuevo aire, que dura hasta nuestros días.

18. Tema de estudio: Museo del Prado

En la historia del Arte español uno de los lugares más destaca­dos lo ocupa la pintura. La primera en coleccionar obras de arte fue Isabel la Católica, bien que su colección, aparte lo guardado en la Capilla Real de Granada, se dispersó tras su muerte. Por fortuna, no sucedió lo mismo con lo adquirido por Carlos I, tan aficionado a la obra de Tiziano, ni por Felipe II que admiraba los cuadros de El Bosco1). No creció demasiado la colección real bajo el corto reinado de Felipe III, mas sí, y de manera espléndida, en el de Felipe IV. Aunque su sucesor, Carlos II, había aumentado poco la colección, ésta en 1700, se elevaba a la enorme suma de 5.339 pinturas, la mayoría de ellas se hallaban en el Alcázar2) de Madrid y otras en El Escorial3) y demás sitios reales. Fue desgracia que en diciembre de 1734 ardiera el dicho Alcázar, con pérdida de más de 500 cuadros, entre ellos algunos de Velázquez.

Si queremos hablar de pintura española tendremos que recordar el Museo del Prado de Madrid, que es una de las más famosas y valiosas pinacotecas del mundo. El edificio fue construido durante el reinado de Carlos III, bajo la dirección del arquitecto Juan de Villanueva y estaba destinado en principio a albergar el Museo de Ciencias Naturales, a cuya circunstancia se debe la proximidad del Jardín Botánico. Posteriormente Fernando VII y su esposa, Isabel de Braganza, tomaron la decisión de ceder a la nación la mayor parte de los tesoros artísticos que se conservaban en los Palacios Reales, para ser destinados al Real Museo de Pintura y Escultura, siendo inaugurado el edificio como tal el año 1819.

El museo se llama del Prado porque se encuentra en el Paseo del Prado, en el centro de Madrid, y se le dio este nombre para distinguirlo del llamado Museo Nacional de Pinturas que había en la calle de Atocha hasta que en 1872 fue unido al Museo del Prado, existe en Madrid otro Museo de Pinturas, El Museo de Arte Moderno, inaugurado en 1894, donde se conservan y exponen cuadros de los pintores que crearon después del gran Goya. Museo del Prado ocupa un noble edificio, de estilo neoclásico – piedra y ladrillo, gris y rosa –, que se alza en uno de los lugares más bellos de Madrid. Velázquez, a un costado, y Goya al otro, montan guardia de honor desde el bronce de sus estatuas en las dos puertas, hermanándose en su inmortalidad artística. El pórtico que se abre al Paseo del Prado es de estilo dórico, al igual que la fachada meridional, en tanto que la fachada norte es de estilo jónico.

Posee una de las pinacotecas más importantes del mundo, tanto por lo que respecto a la cantidad – cuenta en la actualidad con más de 3.000 cuadros y no menos de 400 esculturas – como a la calidad de las obras. Gran número de obras maestras de la pintura universal se exhibe en el Museo del Prado

y los casi dos mil que permanecen almacenados por incapacidad de las 90 grandes salas para colgarlos. Las cifras son realmente alucinantes. Figuran 839 obras de pintores españoles, anteriores al siglo XIX; 659 de pin­tores flamencos; 426 de italianos renacentistas; 156 de franceses fa­mosos; 137 de holandeses; 49 de alemanes, 9 de ingleses, 3 suecos y otras de pintores cuya naturaleza no ha sido posible averiguar. De los pintores españoles el mejor representado es Goya con 115 óleos y una cantidad verdaderamente asombrosa de dibujos, grabados, cartones y tapices. Siguen Velázquez, con cincuenta obras, y Rivera, con otras cincuenta; Murillo con 39, el Greco con 32 y otros muchos con cantidades menores.

El Prado, que en los últimos años y por distintas circunstancias, ha sido frecuente tema periodístico en Madrid, principalmente por la erosión que en las pinturas produce, según los técnicos, la contamina­ción atmosférica, se ha convertido ahora en un tema polémico, debido a un acuerdo del Gobierno, según el cual se trata de habilitar un pabellón que existe en el Jardín Botánico, para convertirlo en Museo Na­cional Francisco de Goya. Según este acuerdo la obra genial del pintor (Goya más que un pintor es un acontecimiento, un monstruo sagrado del­ arte) sería segregada del Museo del Prado y expuesta aisladamente. Y lo de Museo Nacional suena a falso. En un país de grandes pintores como España, no puede calificarse de Museo Nacional el que sólo presenta la obra de uno, por genial que sea, con menosprecio o subvaloración de todos los demás.

1)El Bosco – pintor, escultor y grabador holandés de Imaginación fantástica. (XV—XVI siglos)

2)el Alcázar – nombre de varios edificios importantes de diferentes ciudades de España

3) El Escorial – monasterio famoso fundado por Felipe II en 1563 en el pueblo de dicho nombre a 40 km. de Madrid, posee una rica colección de cuadros