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14. Tema de estudios:América precolombina. Los mayas

Los mayas eran, probablemente, la tribu más misteriosa de toda la América Central. Su gran progreso en la astronomía y otras ciencias casaba muy poco con su forma de vivir. No se le ocurrió inventar ni la rueda ni el arado. No tenían animales de carga, y, por lo tanto, ese trabajo lo hacían por sí mismos. Sabían hacer ornamentos de oro y plata, pero no habían descubierto el acero.

Adoraban a muchos dioses que representaban a diferentes elementos de la naturaleza. Eran simbolizados con figuras medio humanas y medio animales. Construían templos dedicados a estos dioses en forma de pirámides colosales. La pirámide de Cholula, por ejemplo, es de mayor volumen que la Gran Pirámide de Egipto. Los sacerdotes se vestían con plumas y nunca se cortaban el pelo. En las escuelas se les enseñaba a los niños a cantar y a bailar en las ceremonias religiosas. Practicaban sacrificios humanos; conducían a la víctima por los escalones de la pirámide y en lo alto le sacaban el corazón.

Los mayas elaboraron un calendario que era más preciso que el europeo en los tiempos de la conquista española. Ellos inventa­ron un sistema de jeroglíficos y un sistema numérico que tenía un símbolo especial para el cero. En las ciudades se construían pilares de piedra, sobre los cuales los mayas grababan todos los aconteci­mientos históricos importantes.

Los mayas influyeron mucho en otras culturas vecinas. La serpiente de oro, su símbolo religioso, se ve por todo el territorio de América Central. Incluso donde no conocían el calendario maya, las leyendas sobre un conflicto entre la serpiente y los dioses de la Muerte se repetían de generación en generación.

15. Tema de estudios:Leyendas andinas. La leyenda del lago Titicaca

El lago Titicaca está entre el Perú y Bolivia. Es el lago más alto del mundo, está situado a 3812 metros sobre el nivel del mar. Era el lago sagrado de los incas. En él se encuentra la isla de Titicaca que le ha dado su nombre. Es además el lugar donde nacieron muchas leyendas de los incas, quienes gobernaron una gran parte de la América del Sur. Según una leyenda, el lago apareció de la forma siguiente.

En la parte más profunda del océano Pacífico, había un magnífico palacio adonado de diferentes piedras preciosas. Estaba rodeado de jardines donde había hermosas flores de todos los colores y ricas frutas. En el palacio vivía la bella diosa Icaca, dios de las aguas. Algunas veces la diosa salía de su palacio submarino. Subía a una isla del océano para ver la tierra. Desde la isla miraba las tranquilas y azules aguas, mientras tocaba su lira y cantaba melodías extrañas y misteriosas. Los peces subían a la superfiocie de las aguas para escuchar aquella bella música.

Un día, cuando la diosa se encontraba en la isla, se levantó una terrible tempestad. Vio Icaca que una barca luchaba contra las olas y el viento. A lo lejos, un hermoso joven trataba de salvar la vida, pero en vano. La buena Icaca se tiró al agua para salvarlo. Poco después, volvió a la isla con el joven que se llamaba Tito. Este, al ver la belleza de Icaca, se enamoró de ella y la joven también se enamoró de él.

Por orden de Icaca se construyó en la isla un hermoso palacio. Allí debería vivir el joven Tito. Desde entonces, Icaca estuvo siempre a su lado. Así vivieron felices algunos años. Pero otra diosa, prima de Icaca, que envidiaba la felicidad de los jovenes, llevó una noche al dios Neptuno a ver a los amantes.

El terrible dios de las aguas se puso furioso cuando vio que su hija quería a un hombre mortal. Cogió a los dos amantes y los arrojó por el espacio con ayuda del dios de los vientos. Los jóvenes volaron sobre las aguas del Pacífico, sobre la cordillera de los Andes y al fin cayeron en el valle de Iilampú en la América del Sur. Tito, que era mortal, murió al caer. Icaca, que era diosa, no perdió la vida. Llena de dolor, la joven convirtió a Tito en una colina y tanto lloró que se derritió, convirtiéndose en un extenso lago de lágrimas.

Y allí hasta el día de hoy los dos amantes viven juntos. Los nombres de Tito y Icaca formaron el de Titicaca, nombre que hasta hoy día conserva el lago.